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Sobre ARKRIT

El Grupo de Investigación ARKRIT se dedica al desarrollo de la crítica arquitectónica entendida como fundamento metodológico del proyecto. El ejercicio crítico constituye el principal gestor de la acción proyectual hasta el punto de que puede llegar a identificarse crítica con proyecto.
Si se considera que el objeto de la crítica no es el juicio de valor sino el estudio de las condiciones propias de cada obra, en relación a otras obras de arquitectura, en relación a otros campos del conocimiento y en relación a otras posibles teorías alternativas, podemos obtener de ella una imagen final flexible y abierta que permita tanto su comprensión veraz como la apertura a nuevos caminos en el curso de la arquitectura.
El Grupo de Investigación ARKRIT se constituyó en 2008 bajo la dirección del catedrático de Proyectos Arquitectónicos D. Antonio Miranda Regojo-Borges y, además de proyectos de investigación, entre las actividades del grupo se encuentra la dirección de tesis doctorales, así como una participación activa en el máster de Proyectos Arquitectónicos Avanzados (MPAA) desde el Laboratorio y el Taller de Crítica y coordinando numerosos Trabajos Fin de Máster.

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ARKRIT - GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE CRÍTICA ARQUITECTÓNICA

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PORTADA

14 abril, 2016

Etiquetado en Casa en el cerro del aire, Crítica de edificios, Fisac, Naturaleza,

EL CERRO DEL AIRE. Naturaleza prestada de Fisac.

Marcos Cortes Lerín

Parece oportuno, a raíz de la última entrada en este mismo blog de Luis Segundo Arana del día 31 de marzo del 2016, remarcar la importancia que tiene para la arquitectura su relación con la naturaleza. Tomemos esta entrada, por su contenido y su extensión, como una nota a pie de página sobre la ‘otra manera de proyectar naturaleza’. El autor aporta, para que nos hagamos una idea, la siguientes referencias: la Casa Kaufmann del Desierto (1946) y la Casa Chuey (1958) ambas de Richard Neutra, la Casa en San Paulo (1951) de Lina Bo Bardi, la Casa en Rio de Janeiro (1951) de Oscar Niemeyer.

La Casa en el Cerro del Aire (1956) que proyecta Fisac para sí mismo a las afueras de Madrid, es tan modesta y humilde como desconocida. La vivienda, como sus coetáneas americanas, no sólo renuncia a al antagonismo entre arquitectura y naturaleza sino que ve en esa relación una ventana de oportunidad para poner al hombre en contacto con la naturaleza. El enclave no tiene nada que ver con el Bosque-Kaufmann ni con el Acantilado-Malaparte; ni siquiera con los paisajes americanos de las cuatro obras mencionadas con anterioridad. El Cerro del Aire se sitúa en un lugar carente de lugar: un enclave apartado e insulso sin ninguna naturaleza ni ciudad digna de incorporar a la vivienda. Quizá por ello se trazan gruesos muros que se abren y dirigen la mirada hacia el exterior más lejano a través de grandes aperturas al final de los mismos; por ello, la estrategia de Fisac cobra todo el sentido.

La virtud de esta vivienda radica en la relación que propone Fisac con la naturaleza a lo largo del tiempo lo cual constituye una actitud poco moderna en cuanto al entendimiento del lugar1. La casa empezó a ampliarse casi nada más acabar las obras iniciales. En total, fueron dos ampliaciones que siguen la misma estrategia de contención de espacio a través de muros estructurales. Cada ampliación parece reducirse a una célula mínima y autosuficiente pero que necesita simultáneamente del resto de las estancias para existir. La vivienda se convierte en un sistema de crecimiento capaz de adaptarse a las necesidades de Fisac y su familia a lo largo del tiempo con el fin de disponer “… unos espacios para realizar unas funciones específicas.” y donde la casa “… es sólo un medio, una ordenación de esos espacios”2.

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Secuencia de crecimiento de la planta de la vivienda según las necesidades de la familia del arquitecto. Nótese cómo la naturaleza se encierra y termina formando parte del interior de la vivienda. La chimenea ocupa la esquina interior del muro en ‘L’ que segrega los espacios de día. Dibujos del autor.

Se comienza a crear una naturaleza artificial, en el recoveco entre la sala de estar y el comedor. Este espacio exterior cuenta con un pequeño estanque de una morfología indefinida geométricamente. Unas rocas llevaban uno de los extremos del estanque hasta la chimenea de la sala de estar atravesando el límite del vidrio que separa en última instancia el interior del exterior.

Los límites de este jardín fueron cambiando a lo largo del tiempo. Con la primera ampliación, la casa termina por abrazar el jardín para convertirlo en patio de la vivienda. Se convierte así en un espacio más de la vivienda que queda incorporado al resto de espacios; el vidrio y las puertas de acceso marcan, en última instancia, el límite entre el interior y el exterior. La segunda y última ampliación se plantea alejada pero centrípeta a este nuevo espacio al cual se le retiran los límites de vidrio para pasar a cubrirlo en su parte superior, a modo de invernadero, formando ya una parte indisoluble del interior de la vivienda. Se produce así un contacto directo naturalez-hombre; interior y exterior se funden en un único espacio3. Es allí donde está, precisamente, el elemento que simboliza el seno mismo de la vivienda: la chimenea.

Aquí, a los conceptos orientales que introduce Luis Segundo Arana de Sabi (expresión de la soledad de la naturaleza), Wabi (la pobreza, la carencia de bienes aparentes, la simplicidad) y Shibusa (expresión de lo áspero, lo rudo o lo inacabado) deberíamos añadir la técnica del Shakkei (tomar el paisaje prestado). Para llevar a cabo esta técnica oriental, Fisac utiliza la geometría4 ortogonal de los muros de carga como herramienta para fusionar al hombre con la naturaleza con referencia explícita a la arquitectura japonesa5. La materia constructiva que actúa de límite introduce el contrapunto geométrico, regular y de orden que se enfrenta a las formas blandas que dictan las leyes de la naturaleza. Es precisamente esta superposición la que nos permite identificar la intervención humana en la naturaleza sin necesidad de modificarla. La geometría y el ángulo recto se muestran como representantes de la racionalidad del pensamiento ordenado del hombre. Se produce un distanciamiento de la naturaleza a través del contraste de la lógica geométrica pero, a la vez, un acercamiento a la misma mediante la superposición de ambas geometrías; el jardín queda integrado física y literalmente con el ‘trozo de aire humanizado y bellamente delimitado’ que es esta vivienda en un cerro madrileño.

Columna de la izquierda: secuencia del espacio de comedor-salón-naturaleza. Fotografías del autor. /// Derecha: Ryu-ten. Casa del té junto al arroyo, parque Korakuen, Okama.

  1. ‘La modernidad parecía entender el lugar como una condición que coarta, que inhibe la arquitectura, una tiranía de la que conviene ser liberados, en pro de una nueva arquitectura internacional, sin lugar físico ni político, cuyo lugar es solamente una abstracción, como en la industria, como en la automoción, su principal referente.’ ARANA SASTRE, Luis Segundo. La naturaleza en la Kaufmann y la Malaparte. Entre la Cascada y la punta Masullo. Entrada al blog nOpinion el día 31 de marzo del 2016.
  2. Íbidem: 26
  3. El ‘no-límite’ entre interior y exterior es una lección que el propio Fisac sacaría de la Alhambra y que dejaría reflejado en el manifestó de 1953: “En la Alhambra, está la constante alusión a la Naturaleza, pero domesticada. Estar en el jardín es lo mismo que estar en casa, y al contrario: todo es uno.” ABURTO, Rafael. Manifiesto de la Alhambra. Madrid : Dirección General de Arquitectura, 1953:120
  4. ‘…el espacio natural puede humanizarse limitándolo geométricamente…’ FISAC, Miguel. Conferencia en el Colegio de Arquitectos de Granada “Aprendiendo de la Alhambra”. 1994.
  5. Miguel Fisac viajó a Japón en 1954.
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