Grupo de investigación de Crítica Arquitectónica ARKRIT / dpa / etsam / upm

Entérate de todo

Sobre ARKRIT

El Grupo de Investigación ARKRIT se dedica al desarrollo de la crítica arquitectónica entendida como fundamento metodológico del proyecto. El ejercicio crítico constituye el principal gestor de la acción proyectual hasta el punto de que puede llegar a identificarse crítica con proyecto.
Si se considera que el objeto de la crítica no es el juicio de valor sino el estudio de las condiciones propias de cada obra, en relación a otras obras de arquitectura, en relación a otros campos del conocimiento y en relación a otras posibles teorías alternativas, podemos obtener de ella una imagen final flexible y abierta que permita tanto su comprensión veraz como la apertura a nuevos caminos en el curso de la arquitectura.
El Grupo de Investigación ARKRIT se constituyó en 2008 bajo la dirección del catedrático de Proyectos Arquitectónicos D. Antonio Miranda Regojo-Borges y, además de proyectos de investigación, entre las actividades del grupo se encuentra la dirección de tesis doctorales, así como una participación activa en el máster de Proyectos Arquitectónicos Avanzados (MPAA) desde el Laboratorio y el Taller de Crítica y coordinando numerosos Trabajos Fin de Máster.

Dónde estamos

ARKRIT - GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE CRÍTICA ARQUITECTÓNICA

Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid
Departamento de Proyectos Arquitectónicos
Avenida Juan de Herrera 4
Ciudad Universitaria 28040
Madrid - España

E-mail: arkrit@arkrit.es

 

 

20091006-185203-z603

27 enero, 2014

Etiquetado en Arquitectura francesa, Lacaton & Vassal, Rafael Pina,

SOBRE PREGUNTAS Y RESPUESTAS. Acerca de Lacaton & Vassal

Rafael Pina Lupiáñez

El 15 de septiembre de 2008, se hizo efectiva la quiebra de Lehman Brothers, en lo que venía constituir la certificación de una crisis económica que se venía gestando desde hacía algunos años. La crisis financiera iba a tener unas enormes consecuencias en todos los sectores de la economía, y la construcción se iba a ver severamente afectada. No solo los estudios deberían adaptarse a los nuevos tiempos, generalmente reduciendo costes y plantilla, la nueva situación implicaba también un cambio de mentalidad respecto a lo que debían ser la políticas públicas y privadas en relación a la edificación.

En los años anteriores, el valor de la arquitectura había residido en su capacidad de deslumbramiento y sorpresa, como respuesta a unos mercados que necesitan incentivar el consumo en nuestra sociedad infantilizada, siempre desde pautas de adulación al gusto burgués.

Ya en 2009, Frank Gehry, uno de los arquitectos que mejor habían representado la orgía del despilfarro de los últimos años, en una sobrevenida toma conciencia de la nueva situación que se avecinaba, se expresa de la siguiente forma:

“Se acabaron los tiempos del exceso”, responde Gehry sin ocultar su tristeza. “Se acabó el derroche, y toca responder a ese reto. No sé si es bueno o malo, pero es lo que hay. Hay que ahorrar energía y dinero. Hacer arquitectura verde. Ahora todo tiene que ser verde. Y es real, porque si no estamos muertos” 1.

No obstante, otros estudios ya venían trabajando desde hacía varios años en una arquitectura que se oponía al gasto superfluo, a la ostentación y al culto a la forma a cualquier precio, y buscaba una aproximación a las necesidades reales, a la ecología y a la economía posible. La producción de estos estudios venía ocupando situaciones periféricas respecto a la arquitectura que interesaba tanto a las revistas especializadas como, sobre todo, a los magazines dominicales de la prensa diaria.

Poco más de cinco años de crisis económica han bastado para dar su verdadero valor a algunas de aquellas propuestas arquitectónicas que buscaban una adecuada relación entre los medios y los fines, que trataban de evitar el gasto injustificado y pretendían una verdadera y eficaz integración en el medio. Este tipo de propuestas, que podrían designarse y englobarse bajo el sintagma “intervención inteligente2, tiene actualmente como representantes más visibles a los arquitectos franceses Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal.

Por desgracia, los últimos años se han visto saturados de fastuosas y costosas arquitecturas innecesarias, resultado de decisiones caprichosas e irreflexivas. La lista de obras de todo tipo que integran este tsunami de arbitrariedad y despilfarro es infinita y está en la mente de todos. Por regla general, los arquitectos no solo no parecían apercibirse de la irrealidad para la que trabajaban si no que aprovechaban la menor oportunidad para intentar acceder al desmedido encargo neoliberal. Por eso, cuando en 1.996, L&V en su propuesta para la Plaza Léon Aucoc de Burdeos se plantean no intervenir, no gastar dinero público, en un espacio urbano que consideran bello y sereno, y cuya degradación podía ser corregida con pequeñas actuaciones de reparación y mantenimiento, demostraron una sensibilidad que iba más allá de lo que en el mundo de los arquitectos y diseñadores se entiende por tal. En primer lugar, fueron capaces de apreciar la belleza y el carácter de un pequeño lugar que tenía en su insignificancia y humildad su principal valor. Además, la no actuación proponía una economía que redundaría en beneficio de la colectividad. No es difícil imaginar qué hubieran hecho otros en su situación colmando con exquisitos diseños y materiales extravagantes el lugar, bien en un ejercicio más o menos sensible de reinterpretación del  “genius loci”, bien homenajeándose a sí mismos, y permitiendo a la institución encargante vanagloriarse de estar a la última.

Muchos son los aspectos que interesan en la arquitectura de Lacaton y Vassal y que son analizados en los distintos artículos que se incluyen en esta publicación. En ocasiones, las acciones humanas tienen la cualidad de despertar un interés que va más allá del objeto mismo para el que fueron realizadas. La mayor parte de los proyectos y obras de Lacaton y Vassal  posee esta cualidad que, entre otras cosas, se traduce en un alto valor pedagógico que, en este caso, tiene carácter metodológico.

Si se realiza un recorrido por la obra de estos arquitectos, se observará que buena parte de la misma procede de su participación en concursos y, es posible que este sea el origen de su característica más destacada. Dicha característica parece derivar, a nuestro juicio, de la naturaleza de las preguntas que se plantean.

La forma más habitual de actuar en un concurso es, tras un análisis más o menos concienzudo de las bases, proponer una solución al problema planteado, tratando de dar respuesta al mismo desde la aceptación de sus condiciones. En sus proyectos, L&V parecen partir de una posición metodológica bien distinta y que consistiría, básicamente, en la reformulación de la pregunta. Es decir, en la consideración de que, antes de dar una respuesta, es preciso averiguar si la pregunta está bien formulada.

La idea de revisar las condiciones del encargo no es nueva en arquitectura. En nuestra escuela circula, con cierto éxito pedagógico, la frase de Alejandro de la Sota, citando a Víctor D´Ors, que hace referencia a que al cliente debe dársele liebre aunque lo que pida sea gato, en una especie de engaño a la inversa 3. Cabría entender que en estas actitudes subyace una cierta soberbia o prepotencia, en la medida en que viene a considerar que el cliente o promotor ignora lo que desea o, lo que sería aún peor, demanda lo que no necesita. No vamos a entrar aquí en las consideraciones acerca de lo que estas palabras pueden significar en cuanto desprecio al cliente, o la arrogancia que implican. Solo cabe decir que la honestidad intelectual nunca es ofensiva, y menos si se plantea desde presupuestos éticos, sociales y económicos.

Como se ha dicho, de Lacatón y Vassal interesa especialmente el planteamiento metodológico, la estrategia que se fundamenta en una actitud ética y social, y que deriva en lo que hemos llamado “intervención inteligente”.

La reformulación de la pregunta o, si se prefiere, la revisión de las condiciones del encargo, constituye pues la principal estrategia proyectual de L&V. desde el punto de vista metodológico, sitúan el punto de inicio del proceso del proyecto en la reflexión y la revisión de los datos y posiciones de partida que, normalmente, se tiende a considerar como inamovibles. Asumen así la posición del promotor –o del príncipe- replanteándose cuestiones que quizás fueron pasadas por alto o estudiadas desde criterios distintos y, posiblemente, erróneos. Solo así, parecen considerar Lacaton y Vassal, es posible dar la respuesta adecuada.

La primera consecuencia que se desprende de esta forma de trabajar es el alejamiento del problema de la forma previa como condición primigenia del proyecto y de la arquitectura. Para L&V, la forma es pura resultante, y nunca la protagonista que se impone sobre las condiciones sociales, ambientales, económicas o constructivas de la obra. Esta actitud conlleva el desplazamiento de la condición principal del proyecto hacia otros aspectos menos líricos y, consecuentemente, más específicamente arquitectónicos. Así, problemas tales como la economía, el medio ambiente, la construcción, la versatilidad en el uso, etc. se convierten en los agentes principales del proyecto. En este sentido, el posicionamiento de L&V aleja su arquitectura de toda tentación posmoderna de la que, todavía hoy, muy pocos arquitectos han conseguido desprenderse totalmente. La ausencia de monumentalismo y de “forma a priori”, la elementalidad constructiva, la radicalidad y la falta de prejuicios acerca de la historia, colocan su arquitectura en la contemporaneidad y, en este sentido, abren un camino para la arquitectura del siglo XXI.

Ética y estética de la economía

Otra característica destacable de la arquitectura de L&V es la renuncia a la utilización de ciertos materiales y, consecuentemente, la predilección por otros. El criterio es fundamentalmente económico, pero no es el único. Es evidente que la austeridad constructiva está presente en su obra, pero también lo es el predominio de materiales industriales de montaje en seco, ese tipo de materiales que utiliza el bricoleur, y que cualquiera podría encontrar en ferreterías de gran superficie tipo Leroy Merlín. Placas de policarbonato, chapas, pletinas y tornillería forman parte de su lenguaje constructivo, haciendo visible la construcción que se muestra despojada de toda mistificación y misterio. No hay sofisticación constructiva si por tal se entiende la intención de sorprender o deslumbrar, bien sea con la calidad y exotismo de los materiales, bien mediante procesos de elaboración y montaje alambicados y premiosos. Paradójicamente, esta manera austera de operar arroja resultados sorprendentemente brillantes y ricos. Parece que la arquitectura agradece la honestidad haciéndose más limpia y más auténtica. Pero el tributo que se paga por esta honestidad y austeridad es un cierto grado de imperfección que, sin embargo, no plantea problemas de coherencia. Al contrario, en las obras así construidas las holguras y tolerancias deben ser mayores. La precisión es cara, y no es precisión lo que demandan las obras de Lacaton y Vassal 4.

El espacio

El asunto de la función ha sido un tema recurrente a lo largo del siglo XX, y todavía sigue siendo asunto de debate. Las tesis estrictamente funcionalistas de la primera modernidad fueron justamente rebatidas pocos años después, en ocasiones hasta caer en el despropósito. Programa y función son consustanciales a la arquitectura, hasta constituir su razón de ser. No obstante, la historia demuestra que la forma en que el proyecto acomete y soluciona los aspectos funcionales, puede variar sensiblemente.

En este sentido, la obra de Lacatón y Vassal se inserta plenamente en el panorama de la contemporaneidad. Frente a la idea de un espacio programado para cada función, se defiende la idea de un espacio desprogramado capaz de soportar funciones y acontecimientos diversos. Visto así, la cantidad de espacio se convierte en un valor en sí mismo –en un lujo- dado que la versatilidad en el uso de la arquitectura depende directamente de la cantidad de espacio disponible. También esta consideración tiene una importante repercusión metodológica dado que lleva a L&V a plantearse estrategias de generación de espacio añadido -espace plus- sin aumentar el coste de la obra.

Esta estrategia –más espacio, más versátil- que aplican a buena parte de sus proyectos plantea ciertas dudas acerca de los niveles de confort (temperatura) por ejemplo en las grandes naves-talleres de la Escuela de Arquitectura Nantes con 7º C de temperatura media en invierno, o el aislamiento y acondicionamiento acústico de estas zonas de trabajo. No obstante, estas propuestas alcanzan su verdadero valor en lo que tienen de llamada de atención o de manifiesto, en un momento en las que se muestran como sumamente oportunas en la medida en que parece que pueden abrir nuevos caminos que restituyan a la arquitectura su rol social.

La obra de Lacaton & Vassal no precisa para justificarse buscar anclajes en el terreno de la historia y la crítica de arte (leasé naïf, ready-made, o arte povera). Su obra, con sus aciertos y sus errores, encuentra plena justificación en el ámbito de lo que se podría acotar como específicamente arquitectónico.

  1. Entrevista a Frank Gehry por Miguel Mora. Diario El País, sábado 10 de octubre de 2009.
  2. Esta ha sido la expresión empleada en nuestro trabajo académico del Laboratorio de Crítica del Master en Proyectos Arquitectónicos Avanzados de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid.
  3. Cuántas veces intenta hasta el engaño para conseguir algo mejor de lo que se nos pide, de aquello que quieren obstinadamente de nosotros: “dar liebre por gato”, decía Víctor d’Ors! Alejandro de la Sota  Escritos, conversaciones, conferencias. Moisés Puente Rodríguez. Ed. Gustavo Gili, 2002.16,18.
  4. Le Corbusier protestaba contra la perfección y precisión empleadas en la elaboración del hormigón de su Unité de Berlin.
FacebookTwitterGoogle+LinkedInEmailCompartir