Grupo de investigación de Crítica Arquitectónica ARKRIT / dpa / etsam / upm

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Sobre ARKRIT

El Grupo de Investigación ARKRIT se dedica al desarrollo de la crítica arquitectónica entendida como fundamento metodológico del proyecto. El ejercicio crítico constituye el principal gestor de la acción proyectual hasta el punto de que puede llegar a identificarse crítica con proyecto.
Si se considera que el objeto de la crítica no es el juicio de valor sino el estudio de las condiciones propias de cada obra, en relación a otras obras de arquitectura, en relación a otros campos del conocimiento y en relación a otras posibles teorías alternativas, podemos obtener de ella una imagen final flexible y abierta que permita tanto su comprensión veraz como la apertura a nuevos caminos en el curso de la arquitectura.
El Grupo de Investigación ARKRIT se constituyó en 2008 bajo la dirección del catedrático de Proyectos Arquitectónicos D. Antonio Miranda Regojo-Borges y, además de proyectos de investigación, entre las actividades del grupo se encuentra la dirección de tesis doctorales, así como una participación activa en el máster de Proyectos Arquitectónicos Avanzados (MPAA) desde el Laboratorio y el Taller de Crítica y coordinando numerosos Trabajos Fin de Máster.

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ARKRIT - GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE CRÍTICA ARQUITECTÓNICA

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14.05.21 polimercateca. LSA para editar 1

5 junio, 2014

POLIMERCATECA DE BARCELÓ

Luis Segundo Arana Sastre

En la esquina de las calles Barceló y Larra de Madrid, dando frente a una plazuela, se construyó (1930) hace 84 años un pequeño cine moderno; una huella de este racionalismo expresionista a la española, modesto y sin vocación de ideario alguno. La reciente conclusión de un nuevo artefacto, un sorprendente y mediático híbrido, permiten la reflexión sobre lo estable y lo circunstancial en la construcción de La Ciudad.

MEMORIA Y NOMBRES

La historia de esta plaza, mas deshecho que traza, proviene del desmantelamiento a principios del siglo XX del Hospicio de San Fernando, (Pedro de Ribera, 1721) que ocupaba toda una manzana y del que solo se salvó el tramo de la fachada con la famosa portada esculpida por Juan Ron.

Se ocupó este vacío con una escuela, (el grupo escolar de Pablo Iglesias 1933) y una galería de mercado de abastos hacia la C/ Mejía Lequerica en 1936 de la que no tengo datos. Esta se remodeló a “ex novo” (como ahora) en 1956 por el arquitecto José Luis Sanz Magallón, con un mercado moderno, por plantas, incómodo por tanto, pero de cierto interés no solo arquitectónico, Almudena Grandes ubicó allí una divertida novela (colección de relatos publicados en El País).

Esta actividad de mercado de abastos en Barceló duró del 36 al 56 y de nuevo hasta 2008, 72 años de memoria.

Pero ya antes, una referencia arquitectónica, el cine que exhibía un letrero luminoso con su nombre había prendido en la memoria colectiva de Madrid. “El cine del Barceló” (que habría de transformarse primero en teatro y luego en discoteca) traspasó el umbral de la memoria y pasó de nombrar una calle insignificante y estrecha, a ser un lugar reconocible. La memoria de “lo Moderno” también ha conseguido adherirse a la denominación de los lugares de la ciudad. La palabra Barceló está hoy ligada más a este edificio que al insigne marino que le ofreció su nombre.

Quizá fuera esta la hora de cambiar de referente, de construir un nuevo lugar. El momento oportuno para un nuevo producto: La “Polimercateca” del Barceló. Producto como instrumento de satisfacción acrítica de demandas de las administraciones y colectivos públicos: mercado, polideportivo, biblioteca, plaza y gran aparcamiento subterráneo.

Una operación completa, hecha por una misma mano y de una vez.

Sólo faltarían en el programa un centro social y algún espacio museístico para completar el tópico del perfecto producto arquitectónico municipal a la carta. Se ha impuesto la contemporánea idea de gestión instantánea bien diferente a la constante y sosegada implicación de colectivos y ciudadanos interesados en la realidad física de la ciudad.

PROGRAMA

Empecemos por su programa. ¿Incide el programa de un edificio en la calidad de su arquitectura? En principio parece que no.

Idénticos programas producen alteridad de arquitecturas y al contrario, programas muy diversos producen arquitecturas semejantes, con demasiada frecuencia igualmente horrorosas.

Pero si nos referimos a la arquitectura de la ciudad, enlazamos calidad con permanencia y esta con devenir en tanto que constructoras del espacio habitable, entonces quizá rectifiquemos nuestra convicción.

De la misma manera que la calidad de un estuche de compases desaparece a la vez que los instrumentos que guarda se convierten en obsoletos y, definitivamente extraviados, nos quedamos con un hermoso estuche que no podemos reutilizar pues es del todo imposible que pueda acoger otros utensilios. Solo queda destrozar el interior, la calidad propia del estuche su única razón de ser y hacer dormir unos vulgares lápices conservando solo las tapas.

Si pensamos en la arquitectura de calidad que permanece, en la buena arquitectura, apreciamos que existe en ella una capacidad de ajustarse siempre y de la mejor manera posible a las exigencias de su tiempo y a la manera de habitar de los hombres.

A su vez posee como soporte originario y proyección de futuro una fibra generadora de probabilidades espaciales capaz de sugerir a quienes la sepan interpretar formas inexploradas de organización y configuración, de relación entre las personas y los lugares que habitan.

Son ingenios ambiguos cargados de pasado y abiertos al futuro.

La lógica de la arquitectura no es la de su consumo rápido y obsolescente, sino la de su duración atendiendo a las exigencias más inteligentes del habitar.

La calidad de un edificio, de una buena arquitectura pública, en un lugar determinante de la ciudad, implica entonces aunar la capacidad de permanencia con el devenir de la ciudad, con la transformación del habitar humano. Si estamos de acuerdo con esta afirmación, ciertamente el programa puede incidir en la calidad de la arquitectura en la medida que este programa limite o favorezca la capacidad de transformación y devenir constante del habitar.

Un programa de consumo ávido y momentáneo, resuelto en sí mismo, sin concesiones, sin poder desarrollarse en el tiempo, no puede durar congelado y así no constituirá memoria colectiva, ni ciudad.

Pensemos, por el contrario, en el habitar de una “domus”, una célula indiferenciada de ciudad nos propone con sus modestos medios no solo cobijar al hombre, sino  incorporar  el agua, el cielo, el fuego y la tierra con sus mejores cualidades conformadas para servir al hombre y para su propia exaltación.

A su realidad física se superpone todo un programa de futuro.

De estos pequeños recintos: zaguán, impluvium, atrio, hortus y cámaras han bebido toda la arquitectura, la historia de nuestro habitar, la literatura, las artes, el pensamiento. En aquellas paredes de una pequeña casa Pompeyana se encierra una fibra que continua hoy vigente, que puede aún hoy servir a nuestro habitar contemporáneo, sin apenas tecnología ni domótica sobrepuesta, solo con arquitectura.

Y sigue ofreciendo innumerables oportunidades de desarrollo no agotadas ni extendidas por el movimiento moderno.

Cuánto por explorar, sugerir  y desarrollar en la biblioteca de Saint Genevieve, en los pabellones de Mies, en las galerías comerciales Werthein en Berlín.

En la buena arquitectura, permanencia y devenir se demuestran soldadas.

Volvamos a La Polimercateca y su programa: conciliar un espacio polideportivo con un mercado en altura, una biblioteca y arraigarlos sobre un inmenso aparcamiento subterráneo no es tarea sencilla. La decisión de ubicar el polideportivo_mirador sobre el mercado se antoja tan natural como meter un elefante en una bañera: nada cómoda. Habrá que ponerlo de pie sobre sus patas traseras.

Este programa, por tanto, predetermina la permanencia natural de la arquitectura lo que incidirá en su posibilidad de formar parte de la memoria colectiva, de su aceptación o rechazo en el tiempo. El programa limita su calidad, no como objeto de consumo eficaz, sino su calidad como arquitectura de la ciudad, como construcción humana del espacio.

Su programa y su respuesta aparecen así cristalizados, sin prestarse a sugerir evolución de espacios habitativos o devenir de programas.

La Polimercateca de Barceló no podrá ser nunca un buen recinto deportivo, ni albergar cómodamente espectáculos, tampoco una biblioteca que florezca y su duración como mercado minorista tiene los días contados.

Es así más rígido estuche que caja flexible.

MATERIA.

La heterogeneidad del programa parece imponer su materialidad. Se opta por la unificación de materia y edificio, determinada por esa piel aparentemente neutra de vidrio con aspecto de plástico que sugiere una gran superficie comercial con cafetería restaurante en la azotea.

Esta aparente neutralidad es muestra de su mayor subjetividad. La unidad de materia y edificio, perfectamente conseguida, debiera quizá haberse extendido también a la unidad de materialidad con la ciudad y no me refiero a esa unidad retóricamente. Esa unidad se expresa claramente en ejemplo vecino del cine de Gutiérrez Soto que, aún pintado de blanco, sigue felizmente ensartado en su permanente esquina.

IMAGEN.

En cuanto a su iconología, la Polimercateca manifiesta una negación exterior de su propia tecnología estructural recurriendo a esta encubierta a-tectónica que transforma los edificios en objetos sólidos autoportantes, negando la tradición del orden constructivo y aparentando poder agruparse arbitrariamente, como si de tizas o cajas se tratara.

En este caso del tipo formal “Caja en L”, invertida y girada por su alineación al frente de la calle Barceló respecto a la caja inferior, aparenta no requerir contacto entre ellas.

En la maqueta y algunos dibujos del concurso, esta L invertida no tiene contacto alguno con el edificio interior, todo un gran voladizo. Pero en la tozuda realidad solo los dos laterales de la “L” girada están en voladizo y deben disponer un gigantesco sistema de vigas oculto, para evitar el soporte que traicionaría el efecto antigravedad de este objeto.

El efecto final, la apariencia a un arma cargada de tracción a punto de ser disparada, seguramente complicará la vida del edificio y lo que hubiera sido su tranquilo reposar en compresión hacia la tierra.

Todo en aras de conseguir este efecto artificioso al que, por otra parte, ya estamos acostumbrados.

Estos dos volúmenes se cosen con pasarelas a lo Rem Koolhas, creando un pasaje dinámico, todo ha de decirse, interesante en su recorrido y muy bien posicionado en planta.

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La imposición formal del proyecto, esta idea inicial que algunos consideran como la cualidad y singularidad propia de la arquitectura y que así se valora por la crítica y jurados en los concursos públicos es, en cambio, en mi crítica, una cualidad negativa.

Es tan solo un recurso superficial utilizado contra la lógica de una construcción estable. Un refugio y empeño costosísimos en la negación de la “forma” generada por lo arquitectónico.

Esta “forma”, que parece avergonzar a lo contemporáneo, tal vez por incapacidad de aceptar su propio lenguaje con la única gramática de lo arquitectónico, como consiguió finalmente el movimiento moderno, produciéndose como en este edificio una especie de esperanto común e inteligible que da unidad a toda la producción contemporánea internacional.

El ebanista del XIX utilizó los ornamentos de la arquitectura, imponiéndolos a las patas, puertas y cajones, a la madera misma, para dotar a sus muebles de ornamentos artísticos de innatural geometría.

Hoy parece que la arquitectura, como aquella ebanistería, rebusca en la estatuaria de librería y menaje del hogar sus referencias (la escultura atraviesa hoy sus peores momentos).

El pisapapeles de escritorio como fuente de inspiración.

Este préstamo transforma el universo arquitectónico en colecciones de objetos autónomos sin relación con la ciudad, que casi podríamos recomponer y desplazar con las manos. Esta capacidad se muestra en algunas imágenes de concursos, como proceso previo de creación, en las que se ven unas manos que pliegan, modelan, desplazan objetos y superficies hasta acomodarlos en la posición final y luego se convierten en arquitectura. Esta prestidigitación impresiona a los alumnos que se obsesionan con encontrar esta película para justificar sus proyectos. Hermoso paradigma contemporáneo: con las manos modelar el origen de la idea de lo arquitectónico. Preciosa fábula para diletantes.

El fin justifica siempre los medios, parece ser este el “leit motiv” de esta arquitectura, en contra de la razón, de la ética. La casa que vuela, La casa con cáscara, son celebrados titulares periodísticos en los blogs de arquitectura. 

 

MEDIOS Y FINES.

Por último y como primero, su relación con el lugar.

Ha de señalarse que en su planta quedan reflejados también la competencia de sus autores y el conocimiento que tienen de este contexto.

La precisa colocación en su sitio de sus piezas, una buena correspondencia a todos los flujos y arquitecturas vecinas, produciendo aire en esta separación de la biblioteca, proponiendo una nueva calle paralela a Mejía Lequerica, el roce metálico de las esquinas. Una planta que no solo resuelve el complicado programa sino mejora el lugar construyendo espacio público.

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Conscientemente conseguido su autismo formal, La Polimercateca se sitúa premeditadamente fuera de contexto y manifiesta su poca empatía con el vecindario, casi su desdén. Su menosprecio.

Su geometría, sus alineaciones y alturas, establecidas por la ordenanza, no son suficientes para corresponder a esa otra inteligente y sutil relación entre arquitectura y lugar, de materiales y huecos ya establecidos en su entorno.

Su autismo nos sobra. La Ciudad es cuestión de arquitectura y tiempo.

Así, y finalmente, su volumen excesivo y su arrogante personalidad distorsionan el paisaje como un anuncio mediático a todo volumen intercalado en una buena película.

 

Toda crítica, aun la más impersonal,

aún la más objetiva,

es una impresión 1.

                                                      AZORIN

  1. RAE. Impresión.- Marca o señal que algo deja en otra cosa al presionar sobre ella.
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