Grupo de investigación de Crítica Arquitectónica ARKRIT / dpa / etsam / upm

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Sobre ARKRIT

El Grupo de Investigación ARKRIT se dedica al desarrollo de la crítica arquitectónica entendida como fundamento metodológico del proyecto. El ejercicio crítico constituye el principal gestor de la acción proyectual hasta el punto de que puede llegar a identificarse crítica con proyecto.
Si se considera que el objeto de la crítica no es el juicio de valor sino el estudio de las condiciones propias de cada obra, en relación a otras obras de arquitectura, en relación a otros campos del conocimiento y en relación a otras posibles teorías alternativas, podemos obtener de ella una imagen final flexible y abierta que permita tanto su comprensión veraz como la apertura a nuevos caminos en el curso de la arquitectura.
El Grupo de Investigación ARKRIT se constituyó en 2008 bajo la dirección del catedrático de Proyectos Arquitectónicos D. Antonio Miranda Regojo-Borges y, además de proyectos de investigación, entre las actividades del grupo se encuentra la dirección de tesis doctorales, así como una participación activa en el máster de Proyectos Arquitectónicos Avanzados (MPAA) desde el Laboratorio y el Taller de Crítica y coordinando numerosos Trabajos Fin de Máster.

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ARKRIT - GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE CRÍTICA ARQUITECTÓNICA

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26 mayo, 2016

Etiquetado en Arquitectura e Ingeniería, Crítica de arquitectura, Madrid Río,

PASARELA Y PARANGÓN. La difícil belleza de la verdad (Pasarelas coetáneas sobre el Río Manzanares)

Antonio Miranda

En Madrid, tras las naves del Matadero dos pasarelas de arco, gemelas, sobre el Río Manzanares, esperan vuestra visita desde hace años. La recomendación tiene importancia civil porque se justifica desde el punto de vista crítico y urbano. Frente a la doxa u opinión –nunca digna de respeto- el criterio se convierte en episteme o ciencia crítica por ser capaz de distinguir, al menos, la excelencia de la indecencia en cualquier obra.

Ambas pasarelas no son obra menor sino, por el contrario, obras de alto nivel arquitectónico porque contienen un inusual nivel de autenticidad, de verdad. Del ciudadano medio no sabemos que haya recibido formación estética y arquitectónica, aunque como usuario de la ciudad debería exigirla. La Educación para la Ciudadanía debería impartirse desde la adolescencia y no acabar nunca. Schiller insistía en que sin cierta educación o instrucción estética no es posible una fiable formación integral, general o política: la primera exigible al usuario de la Polis, de la ciudad.

Una parte principal de la formación urbana -que recorre al menos desde el urbanismo a la urbanidad- se refiere a la Modernidad. Así por ejemplo el nivel de excelencia de cualquier producto -objeto o mercancía- se mide con aquello que podemos llamar Coeficiente de Modernidad. Ese coeficiente -que alcanza un Sobresaliente nivel literario, por ejemplo, en La Muerte de Ivan Ilich (Tolstoi), en los Cuatro Evangelios y en El Manifiesto Comunista de Marx y Engels- en nuestras pasarelas, superaría el Notable.

El ciudadano bien formado debe saber que -contra la opinión del periodismo amarillo, de las academias, de las instituciones y de las autoridades- la ciudad del siglo XIX y principios del XX es, en cuanto a arquitectura, repulsiva e indigna. En Madrid, por ejemplo, nuestro Ayuntamiento en Cibeles o el Congreso de los Diputados nunca hubieran podido aprobar, ni siquiera en la Escuela de Arquitectura más incompetente y tolerante: su Coeficiente de Modernidad es muy escaso.

Para explicarnos un poco mejor respecto a la Modernidad –y también en contra de las academias, las instituciones y las autoridades- recordemos que cuando el mejor Le Corbusier decía que los ingenieros son nuestro Helenos, se refería justamente a que ellos nos civilizan porque aportan Modernidad, desdeñando la lindeza edulcorada o cultural clásico/romántica. Por eso, para la auténtica Modernidad no existe diferencia entre Arquitectura e Ingeniería: ambas abandonaron el mundo de las Bellas Artes hace más de cien años; ambas, como diría Buñuel del cine, son ante todo hechos industriales; ambas, en el siglo XXI, se acercan a la excelencia en la medida de su verdad poética, esto es: constructiva y científica. La separación artificial entre arquitectura e ingeniera fue un invento de la burguesía del siglo XIX para engrasar la estructura productiva de la lucrativa Obra Pública: “Divide y vencerás en cuanto a  dividendos.” Con mayor razón, hoy tal separación es totalmente artificial y dañina.

Pues bien, contra las falsas apariencias, en las pasarelas gemelas el alto Coeficiente de Modernidad viene determinado por esa síntesis disciplinar entre arquitectura e ingeniería: una síntesis poética porque en ella se integran la forma de la fuerza con la fuerza de la forma. Allí, la obra de Corres, Burgos, Garrido y Porras no es cosa artística y modernista propia de arquitectos mediocres, sino por el contrario cosa ciertamente moderna por su estatura poética (apariencia verdadera antiartística): a la vez ingenieril y arquitectónica: Constructivismo de vanguardia.

Parangón. Para entenderlo mejor, basta visitar una pasarela cercana, también sobre el Río Manzanares, que en el baremo del que hablamos no superaría el suspenso bajo -como le sucedería a la Catedral de la Almudena-. Esa pasarela de bisutería –aparte del dislate presupuestario contra el erario de la ciudad- ostenta una “ingeniería” falsa: el capricho de la ocurrencia grata a los más necios. Presenta una forma absurda de muelle o tirabuzón, que es una de las menos adecuadas para resolver y trasmitir las cargas transversales al eje principal. Una ocurrencia artística de forma previa y en consecuencia irracional: un despilfarro inelegante como cualquier otro derroche: la forma en tanto que distribución absurda de la materia. Como diría Bertrand Russell: una pequeña parte de la tontería francesa. El formalismo estúpido es evidente en el exterior, con forro y envoltorio. Y no menos en el interior, donde -como sucede en las criminales y peores carreteras de doble circulación- se ha separado el tráfico con inoportunas farolas centrales falsificando la forma única. ¿Podéis imaginar –como diría E. Larrodera- una arteria con la sangre fluyendo “ordenadamente” en dos direcciones?

Pasarela Perrault

Pasarela Arganzuela en Madrid Río (2011). Dominique Perrault.

“Esencia”, “Ser” y “Substancia” son una parte de la terminología utilizada por la estética burguesa cursi, idealista, modernista o antimoderna. Tales términos suelen venir acompañados de otros del tipo: “creación”, “genio creador”, “inspiración intuitiva”. Toda esa ignorante verborrea terminológica será aplicada por la crítica orgánica o estabulada, a la pasarela del tirabuzón.

En nuestro caso, el Expresionismo -por su frecuente irracionalidad- y el Organicismo -por su plasticismo naturalista- parecen los peores consejeros en la obtención de la forma auténticamente moderna. Sin embargo en las pasarelas gemelas la forma es toda ella panlógica y racional: elegante o bien elegida. En ellas podemos hablar de Estructura en los términos más elevados, como lo hubieran hecho Sócrates, Platón, Marx o Althusser: la estructura de un zapato es aquel conjunto de relaciones –comunes a las formas- que hacen que un zapato sea un zapato. Si bien las estructuras se suelen ocultar tras las formas, en las pasarelas gemelas encontramos el prodigio de la forma más auténtica porque responde a la función material y a la materia necesaria. Pero además allí, de modo excepcional, la forma coincide con la estructura visible. Allí, el arco no es cosa de “lenguaje” estilístico, estilizado, estiloso o falso, como suele suceder. Allí, el arco es precisamente el antifunicular de las cargas actuantes. Allí encontramos el milagro poético de la economía: la síntesis entre la energía de la forma y la forma de la energía: el acero cableado trabajando a tracción y el hormigón “laminado” trabajando a compresión: la verdad de la forma verdadera: dos pequeñas grandes obras maestras de la arquitectura ingenieril, de la ingeniería arquitectónica y urbana.

Pasarela cascara

Pasarelas Cáscara en Madrid Río (2010). Hugo Corres, FHECOR junto con Francisco Burgos & Ginés Garrido / BGAA, [Porras Lacasta Arquitectos, Rubio Álvarez-Sala Arquitectos, West 8].

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