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Sobre ARKRIT

El Grupo de Investigación ARKRIT se dedica al desarrollo de la crítica arquitectónica entendida como fundamento metodológico del proyecto. El ejercicio crítico constituye el principal gestor de la acción proyectual hasta el punto de que puede llegar a identificarse crítica con proyecto.
Si se considera que el objeto de la crítica no es el juicio de valor sino el estudio de las condiciones propias de cada obra, en relación a otras obras de arquitectura, en relación a otros campos del conocimiento y en relación a otras posibles teorías alternativas, podemos obtener de ella una imagen final flexible y abierta que permita tanto su comprensión veraz como la apertura a nuevos caminos en el curso de la arquitectura.
El Grupo de Investigación ARKRIT se constituyó en 2008 bajo la dirección del catedrático de Proyectos Arquitectónicos D. Antonio Miranda Regojo-Borges y, además de proyectos de investigación, entre las actividades del grupo se encuentra la dirección de tesis doctorales, así como una participación activa en el máster de Proyectos Arquitectónicos Avanzados (MPAA) desde el Laboratorio y el Taller de Crítica y coordinando numerosos Trabajos Fin de Máster.

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ARKRIT - GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE CRÍTICA ARQUITECTÓNICA

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11 mayo, 2017

Etiquetado en Militarismo, Supermanzana,

Militares inciviles contra el derecho a la ciudad

Antonio Miranda

Cuando los militares hacen de policías se pudre el tronco del árbol de la patria.

Pablo Neruda

Policía tiene la misma raíz etimológica de Polis: la ciudad, que debe albergar Civilidad, Civilización, Ciudadanía Universal. Como sintagma, Lo Militar significa la contrafigura de Lo Civil, de la urbe democrática.

-¿Qué sentido tiene la presencia del Ejército en la ciudad?

-Ningún sentido que sea a la vez beneficente, elegante e inteligente.

La ciudad, que en sus orígenes tuvo un eminente carácter militar, mantuvo dicho carácter hasta que en el siglo XV la artillería demostró la inutilidad bélica de las murallas. Más tarde la ciudad fue sinónimo de revolución social urbana. En el siglo XIX, y en toda Europa, los heroicos y aguerridos ejércitos fueron prostituidos por la burguesía triunfante. La patriótica milicia disparó sus cañones sobre su propia población. Tales formas policiales se  utilizaron para combatir las Comunas Obreras en las calles europeas. Con Napoleón III, el “urbanista” barón Haussmann “desventró” París para facilitar el trabajo artillero contra las barricadas ciudadanas. La ciudad, a causa de su histórico potencial modernizador y revolucionario, ha sido combatida por toda forma de reacción, incluido el fascismo de la extrema derecha.

Parte del urbanismo fascista tiene como fin entrometer cuarteles en las ciudades. Los centros militares de tropa y mando son instituciones nacionales y “culturales” pero, por eso mismo, rara vez son instituciones civiles, cívicas, civilizadas o internacionales. Fascismo significa déficit de Civilización y de Razón Común, especialmente en la ciudad. Los acuartelamientos urbanos son negación de la ciudad; y con ellos los daños se multiplican.

Toda ciudad que alberga cuarteles militares está infectada, parasitada y enferma. En muchas ciudades españolas esa zafia presencia franquista del Sable y la Sotana no ha sido atajada tras la desaparición del dictador. Recordemos que, entre las glorias del Caudillo Invicto, destaca aquella por la que Franco fue un heroico precursor de los bombardeos aéreos contra las ciudades y su población civil.

guernica

Guernica. Picasso, 1937.

200 pies para el ancho de manzana es una medida básica para la Modernidad. Es un límite contra la privatización en la ciudad. Es la cifra que organiza la geometría de Manhattan. Esos 60 metros deberían ser una asíntota inalcanzable para los dueños y especuladores del suelo. Pero podemos ampliar el margen. La mejor ciudad no debería tener manzanas ni parcelas cuyo tamaño -al menos en uno de los sentidos- sea superior a 70 metros. Los setenta metros son para la Modernidad una medida tope. Al menos cada 70 metros el ciudadano debe encontrar una calle. Por el contrario, aún hoy, la “razón militar” en espacio público exige al peatón recorrer a veces más de doscientos metros sin encontrar una salida lateral.

En España son muchas las edificaciones con morfología de supermanzana cuyas tapias inhumanas debilitan seriamente la ciudad y el derecho de los ciudadanos a ella. El franquismo convirtió a los militares en policías, corrompió los ejércitos y por tanto también los cuarteles que deberían haber quedado fuera de la ciudad. La presencia de cuarteles militares en la ciudad es imagen retrógrada y vestigio antiilustrado, causa y efecto de grosería política, de antimodernidad y déficit de la democracia. Por ejemplo, los militares ocupan algunas zonas de Madrid con morfologías monstruosas que obligan al ciudadano a recorrer largos espacios tapiados e inciviles. Eso largos trayectos sin ciudad, sin vivienda y sin pequeño comercio son prueba de la ciudad muerta, o mejor, de la ciudad fusilada en Consejo de Guerra.

Madrid recuperó felizmente, pero solo en parte, el Cuartel del Conde Duque. Aún está ocupada por la Escuela De Guerra. La monstruosa e incivil supermanzana construida entre las calles: Princesa, Negras, Conde Duque, Sta. Cruz de Marcenado y Mártires de Alcalá debe ser reestudiada en nueva clave ilustrada.  Véanse otros desmanes.

Conde Duque

Superficie ocupada por el Cuartel del Conde Duque en Madrid. Nótese el tamaño de la manzana en comparación con la trama urbana colindante.

Hace siglo y medio, la brutal interrupción del tejido urbano en la calle de San Dimas iniciada e insinuada por el Hospital Militar de la Princesa. Unas viviendas militares del tardofranquismo, en la glorieta de Ruiz Jiménez, sustituyeron al hospital, pero aumentaron drásticamente esa aberrante interrupción. Fue otra muestra de barbarie propia del urbanismo franquista. La ciudad no puede tolerar que ninguna institución incivil, perjudique de forma tan seria la Civilización, es decir, la Modernidad y la Razón Común o panhumana.

El Ministerio de Defensa ocupa la supermanzana que limitan las calles Prim, Barquillo, Castellana y Alcalá. También una gran parte de la supermanzana entre las calles Princesa, Serrano Jover, Santa Cruz de Marcenado, Martires de Alcalá y Seminario de Nobles sufre las instalaciones del Servicio Histórico, del Cuerpo de Ingenieros y del INTA. No lejos de allí también el Ministerio de Defensa exhibe el repulsivo Ministerio del Aire, que ocupa la supermanzana entre las calles: Princesa, Moret, Romero Robledo y Martin de los Heros.

Pero otros enclaves en supermanzana permanecen aún ocupados por el Ejército, cuyos miembros se supone que ya no tienen que hacer de policías, ni intervenir por tanto en la ciudad. Esos espacios deben ser colectivizados, civilizados.

Esas odiosas supermanzanas son elementos infecciosos que parasitan la ciudad; tumores malignos que rompen el tejido urbano y que obstaculizan la continuidad de lo común: el flujo espacio temporal y civil de las calles. Hoy ya es hora de expulsar de la ciudad cualquier vestigio militar. La verdadera democracia lo exige. Si la ciudad de la ciudadanía es paradigma civil, no puede ser militar. El paradigma de lo civil, en una democracia civilizada, no puede acoger armamento criminal en su interior. Entonces, ¿qué podemos hacer con los cuarteles militares que interrumpen e impiden la ciudad? Debe recuperarse una geometría civil para todos los viales. Los cuarteles militares deben ser recuperados con nuevos servicios colectivos necesarios, a partir de otros tantos nuevos proyectos inteligentes. Esperemos que, cuanto antes, alcaldesas y ministras saquen a concurso entre arquitectos la solución urbanística de todos esos “errores de la historia”.

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