Grupo de investigación de Crítica Arquitectónica ARKRIT / dpa / etsam / upm

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Sobre ARKRIT

El Grupo de Investigación ARKRIT se dedica al desarrollo de la crítica arquitectónica entendida como fundamento metodológico del proyecto. El ejercicio crítico constituye el principal gestor de la acción proyectual hasta el punto de que puede llegar a identificarse crítica con proyecto.
Si se considera que el objeto de la crítica no es el juicio de valor sino el estudio de las condiciones propias de cada obra, en relación a otras obras de arquitectura, en relación a otros campos del conocimiento y en relación a otras posibles teorías alternativas, podemos obtener de ella una imagen final flexible y abierta que permita tanto su comprensión veraz como la apertura a nuevos caminos en el curso de la arquitectura.
El Grupo de Investigación ARKRIT se constituyó en 2008 bajo la dirección del catedrático de Proyectos Arquitectónicos D. Antonio Miranda Regojo-Borges y, además de proyectos de investigación, entre las actividades del grupo se encuentra la dirección de tesis doctorales, así como una participación activa en el máster de Proyectos Arquitectónicos Avanzados (MPAA) desde el Laboratorio y el Taller de Crítica y coordinando numerosos Trabajos Fin de Máster.

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ARKRIT - GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE CRÍTICA ARQUITECTÓNICA

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PORTADA

17 mayo, 2018

En Buenas Compañías: Hannes Meyer y Bernardo Ynzenga Acha.

Fernando Casqueiro Barreiro

¿Por qué, ahora, Hannes Meyer?

¿Porque sí? ¿Por azar? ¿Por qué no?

Responde el libro de Bernardo Ynzenga Acha 1, HANNES MEYER. Proyectos, conceptos y trayectoria: porque Hannes Meyer, los edificios construidos por Hannes Meyer, algunos de los edificios proyectados o construidos por Hannes Meyer contienen con claridad meridiana una forma concreta de aproximarse a lo arquitectónico que aún hoy, especialmente hoy, es completamente imprescindible.

Hannes Meyer (Basilea 1889, Crossifisso 1954), fue un suizo, socialista, comunista, estalinista. Es decir: preciso, sobrio, comprometido. Y también un arquitecto autodidacta.

De su trayectoria vital, que el libro de Ynzenga expone con certera claridad, podría decirse que Meyer se dio muchas oportunidades. Expulsado de Suiza, expulsado de Alemania, expulsado de la Unión Soviética, expulsado de Méjico. ¿Quizá un individuo algo intransigente? ¿Quizá un mundo demasiado intransigente?

En su constitución intelectual, Meyer fue un personaje “moderno”: es decir, analizador y racional y, por ello, todo lo opuesto a un “analista razionalista”. Y, por ello, por “moderno”, su nombre y su obra han sido borrados del tiempo, como el rostro en la arena a la orilla del mar del último párrafo de Las Palabras y las Cosas.

Como arquitecto, Meyer proyectaba basándose en un dibujo minucioso y obsesivo, preciso y mínimo, con atención al detalle y la medida exacta. Como un relojero…

Sus edificios, algunos de sus edificios, son humanos, secos, directos. Sin artificios artificiosos. Edificios racionales, no razionalistas. Proyectados, sólo, bajo la luz de la eternamente esclarecida razón.

Nos llega, clara, el aura de tres de sus edificios: Peterschule en Basilea (1926), la Sociedad de Naciones en Ginebra (1927), Escuela para Mandos Sindicales en Bernau (1928).  Pero hay más. Nos lo cuenta “El Libro” de Bernardo Ynzenga.

Hannes Meyer

Fig 1. Izq.: Peterschule en Basilea. Hannes Meyer, 1926. Dcha.: Sociedad de Naciones en Ginebra. Hannes Meyer, 1927. 

El Libro.

Un libro que tiene como título un nombre propio (Hannes Meyer en este caso) induce a pensar en cualidades personales, en la configuración “individual” del humano que porta el título. Los edificios proyectados y construidos por este arquitecto van en la dirección contraria.

El nudo lo desata su subtítulo: Proyecto, conceptos y trayectoria. En contra de la apariencia de soberbia omnicomprensiva que sugiere el título (“todo” Hannes Meyer) el Libro de Ynzenga expone de modo claro y sencillo un modo de proceder y su resultado. Un Libro de tamaño pequeño, escasas 145 páginas en DIN A5, que se hacen cortas, que se leen como un relámpago. Lo adecuado para acercar a los lectores una visión de “lo arquitectónico” hoy completamente imprescindible, precisamente, por completamente olvidada.

El discurso del Libro es, también, directo; un trayecto cronológico con 5 escalas: Suiza, la Alemania de Weimar, la Unión Soviética revolucionaria, el Méjico de Lázaro Cárdenas (1934-1940) y Suiza de nuevo y finalmente.

La Suiza regional: Proyectos iniciales, barrios o colonias residenciales en su Basilea natal: Metzendorf, Freidorf, Balsthal y el Columbario del cementerio de Hörnli (1922). Figuración, regionalismo, sentimentalidad. El Libro aporta buena documentación, planos pequeños pero legibles y críticas certeras. Se deduce que la objetividad está reñida con la “cultura”, con lo “local”, con el olor al propio estiércol con el que Fernando Savater describe la pasión por lo local, el “viva lo nuestro”.

La Nueva Objetividad: En un sorprendente giro del destino, el arquitecto provinciano y algo cateto que aún era Meyer entra en contacto directo con Mart Stam, El Lissitzsky, el Grupo ABC y se transforma. El Libro detalla con humilde claridad, como es propio del caso, varias versiones de los edificios que Meyer proyecta en 3 brevísimos años (son “edificios” aunque no hayan podido superar la etapa “de papel”): Peterschule en Basilea (1926), Sociedad de Naciones en Ginebra (1927), Escuela para Formación Sindical en Bernau (1928), Banco ADGB en Berlín (1929) y ordenación de la Colonia Törten en Dessau (1928). El eco de esa explosión (a penas 3 años) aún llega claro hasta nosotros. Da miedo pensar que esos edificios imperecederos tienen casi un siglo de juventud.

Meyer acepta, sorprendido, la oferta de ocupar el cargo de Director de la Bauhaus de Dessau de 1928 a 1930.

La objetividad es universal, ilustrada, cosmopolita, rigurosa, atemporal. Sólo, quizá, demasiado breve.

La actividad en la Unión Soviética: Despedido como director de la BAUHAUS en noviembre de 1930, en diciembre de ese mismo año se marcha a Moscú, para participar en el Primer Plan Quinquenal. Años de proyectos iluminados por el “realismo” socialista: Propuesta para el Gran Moscú (1931-1932), Palacio de los Soviets (1931) planes de ordenación para construir alguna de las más de 100  nuevas ciudades en los Urales, en los territorios del este, en la Siberia Oriental…

En junio de 1936, rechazado por sus colegas arquitectos y orillado por la jerarquía comunista, abandona la Unión Soviética y vuelve a su casa, Suiza. Meyer, socialista y comunista de devoción estalinista, fuera eso lo que pudiera ser, sólo soportó su observancia estricta seis años, entre 1930 y 1936.

La objetividad está reñida con el dogmatismo y con su fruto peor: el totalitarismo político.

Los trabajos en Méjico: En junio de 1939 marcha al Méjico de Lázaro Cárdenas (presidente entre 1934 y 1940) sólo un año antes de que el país cambie de presidente y de rumbo. Las promesas iniciales no se concretan. Meyer hace sólo proyectos y construye una pequeña residencia infantil: Gran Centro Deportivo para la Colonia Española (1940) emigrada en el ‘39 tras la Guerra Civil en los mismos términos de “realismo socialista” que su Palacio de los Soviets, Colonia obrera Las Lomas y una sede bancaria en la Manzana de Corpus Christi. En diciembre de 1940 cambia el gobierno en Méjico, entra a gobernar el PRI y, fatalmente, Meyer se queda sin trabajo.

La objetividad está reñida con la corrupción institucional.

Vuelta a Suiza: Después de intentarlo sin mucho éxito durante 10 años, algo decepcionado con la corrupción generalizada, sin expectativas profesionales y casi sin dinero, en septiembre de 1949, Meyer, con 60 años vuelve a Europa, a Crossifisso (¿Crucifijo?), cerca del lago Lugano, al sur de Suiza. A casa otra vez. Donde muere en 1959.

Como colofón, El Libro regala una bibliografía extensa, 79 referencias, y reciente, las últimas son de 2016. Mucho más que suficiente.

¿Cómo es posible que quepa tanta información útil en un libro tan pequeñito? Porque “sólo” habla de cuestiones relevantes y en “el” tono justo: informado, claro, objetivo.

Es lástima que la documentación gráfica, en un tamaño tan reducido, haga difícil la comprensión cabal de la rica y cara información que contiene: los planos de ciudades y propuestas territoriales de la etapa soviética se ofrecen en tamaños tan pequeños que no hacen posible su estudio atento.

Bernardo Ynzenga Acha.

El arquitecto, el crítico y profesor y el político Bernardo Ynzenga Acha, en una suerte de Civilísima Trinidad afín probablemente en más de un plano a la de Hannes Meyer, atiende, enumera, describe, analiza y critica los edificios conocidos de su “amigo”.

Ynzenga ha sido arquitecto en Europa, América, África y Oriente Medio. Es profesor en la ETSAM desde 1964 en Urbanismo, Composición y Proyectos. Y fue colaborador de la OCDE, de Naciones Unidas, de HÁBITAT y Director General de Urbanismo en el Madrid protosocialista de los años ’80 del pasado siglo.

Conclusión

El Libro reivindica la operatividad de un cierto modo proyectar y construir: alejado del arte y próximo a la industria, más cercano a la “correcta organización” que a la “creatividad”.

La afortunada conjunción de la humildad intelectual de Ynzenga y la objetividad arquitectónica de Meyer sostiene una amistad beneficiosa y conveniente para todos.

Objetividad que, como en el caso de Ynzenga en este Libro, produce la claridad y la alegría del conocimiento necesario y bien fundado.

La Eternamente Nueva Objetividad que, en el campo de la Arquitectura, produce hermosos edificios sin arte, sin estilo. Sólo “construcción organizada” al servicio de las necesidades humanas; un programa, aún hoy, revolucionario. Como los edificios objetivos de Hannes Meyer, como el alegre y reconfortante Libro de Bernardo Ynzenga.

  1. YNZENGA ACHA, Bernardo. Hannes Meyer. Proyectos, conceptos, trayectoria. Editorial: Diseño Editorial. Buenos Aires, 2017. Lengua: Castellano. Isbn: 9789874160430
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