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Sobre ARKRIT

El Grupo de Investigación ARKRIT se dedica al desarrollo de la crítica arquitectónica entendida como fundamento metodológico del proyecto. El ejercicio crítico constituye el principal gestor de la acción proyectual hasta el punto de que puede llegar a identificarse crítica con proyecto.
Si se considera que el objeto de la crítica no es el juicio de valor sino el estudio de las condiciones propias de cada obra, en relación a otras obras de arquitectura, en relación a otros campos del conocimiento y en relación a otras posibles teorías alternativas, podemos obtener de ella una imagen final flexible y abierta que permita tanto su comprensión veraz como la apertura a nuevos caminos en el curso de la arquitectura.
El Grupo de Investigación ARKRIT se constituyó en 2008 bajo la dirección del catedrático de Proyectos Arquitectónicos D. Antonio Miranda Regojo-Borges y, además de proyectos de investigación, entre las actividades del grupo se encuentra la dirección de tesis doctorales, así como una participación activa en el máster de Proyectos Arquitectónicos Avanzados (MPAA) desde el Laboratorio y el Taller de Crítica y coordinando numerosos Trabajos Fin de Máster.

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ARKRIT - GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE CRÍTICA ARQUITECTÓNICA

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PORTADA1

8 febrero, 2018

Etiquetado en Crítica de arquitectura, Ecuador, vivienda unifamiliar,

Dos casas en Ecuador

Rafael Pina Lupiáñez

Desde los inicios de la modernidad, la casa constituyó un campo de experimentación arquitectónica que permitió llevar a la práctica buena parte de las aspiraciones que los nuevos tiempos exigían a la condición de habitar.  La mayoría de los grandes maestros se sintió cómoda explorando las posibilidades de este tipo de proyectos que les permitía materializar sus ideas acerca de la nueva arquitectura. La lista de casas-manifiesto es amplia y puede decirse que todos los arquitectos insignes dejaron su muestra en este campo de la vivienda aislada, en el que podían cobrar forma física sus teorías, sus tendencias y sus inquietudes.1

Es sabido que para que una obra de arquitectura alcance cierto valor no es suficiente con las intenciones y el buen hacer del arquitecto.  Así, entre otras, las condiciones que impone e imprime el cliente determinan en gran medida la calidad del resultado. Este hecho es especialmente relevante en el proyecto de la vivienda aislada. La asociación entre cliente y arquitecto exige una relación de feliz acuerdo y complicidad en aras de un objetivo excelente. De lo contrario, de no existir esa complicidad, la casa aislada tiende a convertirse en un subproducto infame. De este modo, este tipo o género edificatorio ha sido capaz de producir lo mejor del siglo XX, pero también lo peor.2

A las iniciales exigencias funcionales, de racionalidad constructiva y de salubridad que dieron lugar, en la modernidad, a unas determinadas formas de hacer, se vienen a sumar, en la contemporaneidad, otros planteamientos éticos más sensibles a la vulnerabilidad del medio ambiente y más comprometidos con las limitadas posibilidades de los recursos del planeta. De este modo, resulta necesario que surjan nuevas formas de enfocar la nueva arquitectura y, nuevamente, la casa viene a ser el objeto ideal de experimentación.

En Ecuador, a las afueras de Quito, se encuentran dos casas de Daniel Moreno y Sebastián Calero, dos jóvenes arquitectos que están consiguiendo llevar a sus obras ciertas inquietudes de corte eminentemente contemporáneo. Así, aúnan en la experiencia del proyecto, la participación del cliente, la preocupación por el medio, la reutilización de materiales de desecho, así como el reciclaje, el ahorro de energía o la depuración de aguas sucias.

La reutilización de materiales ha sido una estrategia constructiva ampliamente utilizada a lo largo de la historia, aunque no siempre con fortuna. Importantes monumentos desaparecieron tras el expolio de sus materiales constitutivos que pasaron a integrarse en nuevas edificaciones que, en buena parte de los casos, tenían un interés arquitectónico muy inferior. Sin embargo, independientemente de algunas situaciones dolosas, lo cierto es que la reutilización, como alternativa a la pérdida inútil, constituye hoy una opción más que razonable, por no decir obligada. Sobre todo, en un mundo en el que la escasez de todo tipo de recursos se manifiesta, cada vez más, como una amenaza cierta.

El Carrizal. La casa llamada El Carrizal, construida en 2015, es una construcción de dos plantas, relativamente pequeña, tiene unos 210 m2, aunque, por su configuración, parece mucho más extensa. Se construye atendiendo de forma precisa al entorno inmediato: árboles existentes y construcciones próximas. Así, se presenta como un conjunto articulado de volúmenes diferenciados y relativamente autónomos. Esta suerte de descomposición y articulación de volúmenes permite sortear el arbolado y, al mismo tiempo, dejar entre ellos espacios que introducen la naturaleza exterior y la luz natural. La casa se aprovecha así del privilegio de estar situada en un país donde las condiciones climáticas son poco exigentes en lo que se refiere a aislamiento térmico. Una cubierta de carrizo sobrevuela todo el conjunto de volúmenes y reforzando así la unidad formal de la obra.

La construcción se realiza a partir de cinco materiales básicos: ladrillo, adobe, madera, carrizo y vidrio. Se han reutilizado materiales procedentes de derribos de modo que además de la consiguiente economía, se beneficia, en todos los sentidos, de unas maderas y una cerámica ya curadas por el tiempo.  El sistema constructivo combina lo tradicional con lo experimental, lo que implica asumir ciertos riesgos. Se emplean profusamente elementos a tracción -cables, tensores, tornillería y poleas- que se encargan también de proporcionar una imagen ligera e integrada. Puede afirmarse que el conjunto propone una revisión contemporánea de una arquitectura tradicional que, en un imprudente intento de asignar etiquetas, podría definirse como eco-tecno-vernácula.

El Carrizal CONJUNTO

Fig 1. Casa el Carrizal. Daniel Moreno + Sebastián Calero, 2015.

Casa RDP. No lejos de la casa de EL CARRIZAL se encuentra otra obra de los mismos autores llamada casa RDP construida también en 2015.

En esta casa, se han reutilizado siete contenedores, convenientemente dispuestos sobre plataformas de hormigón, en los que se albergan espacios servidores de la vivienda en tanto que las funciones principales y más públicas, se desarrollan en el espacio que queda entre ellos.

Los siete contenedores constituyen, además, la estructura portante del conjunto en un arriesgado juego de equilibrio.

Si bien las funciones de la casa se desarrollan en un solo nivel, se ha dispuesto en planta alta un espacio lineal de difícil acceso y formado por un octavo contenedor de longitud doble, destinado a galería de arte.  Este espacio, de utilidad dudosa, constituye un pretexto para proporcionar cierta estatura a la casa que, de otro modo, hubiese mostrado una volumetría mucho más pobre.

Como en el caso anterior de El Carrizal, la casa RDP se caracteriza por la diversidad y riqueza de los espacios, amplios, luminosos y abiertos, en los que siempre es posible encontrar vistas fugadas hacia la naturaleza del entorno. También en esta casa, está presente el mismo espíritu de experimentación y riesgo constructivo que ya vimos en El Carrizal, aunque los materiales constitutivos sean otros.  En este caso, predominan el acero, el hormigón y el vidrio con una apariencia externa más industrial y consecuentemente más dura. Los contenedores utilizados han sido decapados dejando el acero visto, lo que acentúa el carácter de material reutilizado, sin ninguna concesión edulcorante. A esta dureza exterior, se contrapone un interior que muestra una amplia espacialidad acogedora y confortable. Así, dentro de la casa, aparece la madera, aunque de una forma controlada, que aporta cierta calidez al espacio doméstico.

RDP CONJUNTO

Fig 2. Casa RDP. Daniel Moreno + Sebastián Calero, 2015.

Se trata de dos casas hermanas, que proceden de una misma forma de hacer y que muestran notables similitudes, aunque en su expresión material presenten importantes diferencias. La primera trata de integrarse en la naturaleza como lo hace una cabaña de árbol, la segunda impone una estética más ruda y seca, más mecanicista y sin la preocupación por la sofisticación del detalle que puede apreciarse en El Carrizal, en la que la construcción resulta, en ocasiones, algo retórica.

Las dos casas son el resultado de una metodología premiosa y detallada. La primera, El Carrizal, seduce a primera vista y nos sumerge en un universo de cuidados detalles: mesas colgadas, pasarelas, jardineras elevables. Recorrerla es como un delicioso juego perceptivo en el que se van descubriendo ambientes diversos y gadgets que, sin embargo, no menoscaban la consistencia y la unidad de la obra.

La casa RDP, por el contrario, siendo más dura y mecánica, y evitando la seducción del diseño pormenorizado, es posible que se muestre, a la larga, como una arquitectura más sólida y convincente.

  1. Se recomienda la lectura del libro La buena vida, visita guiada a las casas de la modernidad (G.G. 2000), en el que Iñaki Ábalos realiza un esclarecedor recorrido por siete casas modernas en el que desvela las relaciones entre las formas de pensar, los modos de vivir, las acciones proyectuales y los hechos construidos.
  2. Antonio Miranda en su Elogio de la medianería urbana (COAM, 1977) realiza una inteligente y mordaz crítica de la vivienda unifamiliar aislada, en la que denuncia las causas de sus miserias y los efectos perniciosos de su éxito invasivo.
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