Grupo de investigación de Crítica Arquitectónica ARKRIT / dpa / etsam / upm

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Sobre ARKRIT

El Grupo de Investigación ARKRIT se dedica al desarrollo de la crítica arquitectónica entendida como fundamento metodológico del proyecto. El ejercicio crítico constituye el principal gestor de la acción proyectual hasta el punto de que puede llegar a identificarse crítica con proyecto.
Si se considera que el objeto de la crítica no es el juicio de valor sino el estudio de las condiciones propias de cada obra, en relación a otras obras de arquitectura, en relación a otros campos del conocimiento y en relación a otras posibles teorías alternativas, podemos obtener de ella una imagen final flexible y abierta que permita tanto su comprensión veraz como la apertura a nuevos caminos en el curso de la arquitectura.
El Grupo de Investigación ARKRIT se constituyó en 2008 bajo la dirección del catedrático de Proyectos Arquitectónicos D. Antonio Miranda Regojo-Borges y, además de proyectos de investigación, entre las actividades del grupo se encuentra la dirección de tesis doctorales, así como una participación activa en el máster de Proyectos Arquitectónicos Avanzados (MPAA) desde el Laboratorio y el Taller de Crítica y coordinando numerosos Trabajos Fin de Máster.

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ARKRIT - GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE CRÍTICA ARQUITECTÓNICA

Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid
Departamento de Proyectos Arquitectónicos
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23 diciembre, 2014

Etiquetado en BBVA, Crítica de edificios, Herzog & de Meuron, Sáez de Oiza,

BEBEUVEADOS

Luis Segundo Arana Sastre

1923

A la derecha, subiendo desde La Puerta del Sol por la calle de Alcalá, en una de las esquinas menos esquina que tiene Madrid, el poder económico del Banco de Bilbao promoverá un edificio capaz de competir con el mismísimo Banco de España.

Ricardo de Bastida y Bilbao, el arquitecto ganador del concurso público convocado por la entidad en 1918 nos brindará este gran templo tumba, manifiesto de poder y delirio de una sociedad anclada en la tradición y el mito.

 

Banco de Bilbao. Guía de Arquitectura y Urbanismo de Madrid, C.O.A.M. 1982. Fotografía de la época.

  En este mismo año Le Corbusier publicaba “Vers une Architecture” y aunque sus obras realizadas en este período solo alcanzaban a ser de pequeño formato, como las “Maisons Citrohan” (para no llamarlas Citroën) la casa para Ozenfant y la Maison de la Roche, constituían por sí mismas toda una declaración de principios sobre las que gravitaría la arquitectura de su presente y la de un dilatado futuro. Su Plan Voisin para la extensión de Paris con sus Inmuebles Villas, expuestos ya desde 1922, son propuestas que Bastida seguramente conocía teniendo en cuenta, además, su dedicación al planeamiento como autor del Plan del Ensanche de Bilbao en 1923.

La seguridad generada por Ricardo de Bastida y Bilbao ante los jurados y promotores de este proyecto muestra la ignorancia que la arquitectura española de la época mantenía sobre su propia evolución. Es más, el desprecio social e intelectual a evaluar las nuevas corrientes que propusiesen cualquier cambio más allá de un leve maquillaje. En 1975 Pedro Bidagor Lasarte, realiza la ampliación del edificio hacia la C/ Sevillacon una atroz falsificación de la monumental fachada de Bastida, carente de la calidad y del respeto por el trabajo humano de canteros y escultores del primer edificio, en definitiva de la manera de hacer de 1923.

Ampliación del Banco de Bilbao. Arq.: Pedro Bidagor Lasarte. Guía de Arquitectura y Urbanismo de Madrid, C.O.A.M. 1982. 

Ese mejunje es un buen ejemplo de cómo la repetición geométrica y material impuesta por normativas irracionales sobre intervención-ampliación en edificios “patrimonio” a través de su vulgar repetición no es garantía de nada que tenga que ver con la calidad de la arquitectura sino, y muy a nuestro pesar, de todo lo contrario.

1933

Un poco más abajo descendiendo por la C/ Alcalá ahora a la izquierda en el nº 45, se construyó el Banco de Vizcaya diez años más tarde que el Banco de Bilbao. Aquí la Secesión Vienesa, el Art Decó, el Jugendstil, serían la referencia para el proyecto que en 1930 Manuel Ignacio Galíndez Zabala presentaba para esta nueva sede. Si las fuentes historicistas y monumentales de la sede del año 23 podían ser tachadas de poco modernas más allá del propio eclecticismo nacional, aquí las corrientes propuestas se vinculan a aquellas que pretendían encontrar “el estilo de nuestro tiempo” después de haber sucumbido veinte años antes al famoso texto de A. Loos, “Ornamento y Delito” de 1910.

03_Banco de Vizcaya. Foto de la época.

 

Banco de Vizcaya. Foto de la época. Guía de Arquitectura y Urbanismo de Madrid, C.O.A.M. 1982.

Fernando Arzadún Ibarraren y Julian Arzadún, arquitectos que dejaran por estos años en Madrid una huella del mejor racionalismo expresionista como la Casa Araluce en la C/ Goya, construirían el proyecto de Galíndez desde el año 31 al 33.

En 1930, el racionalismo italiano y europeo estaba ya firmemente arraigado, y era conocido profundamente por estos arquitectos. Desconocemos el proyecto original de Galíndez y por qué no dirigió las obras. Si nos abstraemos de la decoración escultórica genial de José Capuz y Juan Adsuara, una cierta manifestación de racionalismo aparece en este edificio, en su volumetría y remate ciego, debida probablemente a los Arzadún.

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Seguramente la dureza ideológica más extrema de este racionalismo europeo habría supuesto un mensaje no apto para la Banca privada española de 1930, cuyo envoltorio cultural finalmente elegido como más apropiado determinó un cierto modernismo serio, sin color ni juegos florales. Tal vez la proclamación de la 1ª República en 1931 durante su ejecución pudo haber influido en la solución final realizada (Lo dejamos apuntado para tema de investigación o tesis doctoral).

Hoy aparece marcado, signado en el centro por un escudo dorado parecido desde lejos al de cualquier club de fútbol. Visto de cerca con buena vista es ciertamente el del ayuntamiento, ¡Que afán este, el municipal de dominio sobre las piedras!

Vemos pues cómo ni el Banco de Bilbao de 1923 ni el Banco de Vizcaya de 1930 apostaron por lo último en arquitectura. Procuraron en cambio una adhesión a lo seguro y ya ensayado en este nuevo territorio financiero producido por la Gran Vía que explotaba hacia la Puerta del Sol y la Plaza de la Cibeles. Una adhesión que, por otra parte, se demostró acertada pues ha supuesto mantener su calidad arquitectónica indemne hasta hoy día. Calidad que en su momento hubiera podido ser fácilmente cuestionada por conservadora y desatenta a los movimientos arquitectónicos que les eran coetáneos. Pero bien sabemos que lo último en arquitectura no asegura su calidad.

Esto plantea una contradicción que debemos explicar: la calidad de la arquitectura debemos encontrarla en sí misma, en su primera razón de ser, esto es en su manufactura propia y única, producto de innumerables relaciones contingentes cuyo desenlace es resuelto por la misma arquitectura, sin imposición ni ocurrencias estridentes ni ajenas a su hacer. Ajena por tanto a las modas y los estilos, ajena hasta del propio autor, la calidad de la arquitectura pertenece, solo, a la arquitectura.

1976-1981

05_Dibujo de Javier Vellés Oiza y el Banco de Bilbao.

Dibujo de Javier Vellés: Oiza y el Banco de Bilbao. Publicado en la portada de la revista ARQUITECTURA C.O.A.M. Nº 228 febrero 1981.

Un Morgan verde carruaje avanza por los Nuevos Ministerios conducido por un personaje con las gafas subidas a la frente. Al fondo a la izquierda, una estructura ocre y vítrea. Un rascacielos con las aristas redondeadas, atravesado por el paso elevado de Joaquín Costa, emerge del suelo de Madrid.

Una torre a la americana, bajita pero esbelta gracias al reducido tamaño de su planta. Núcleo central de comunicaciones verticales, planta libre, generoso acceso revestido de piedras preciosas y durables. Un alzado ritmado por plantas transparentes de una y dos alturas, plantas técnicas opacas de acero y, como remate, una cornisa enrasada de rejilla de dos alturas. Todo canónico y, aunque quizá con tamaños deficientes y a escala manchega de pié castellano, con dos contribuciones impresionantes: el primero, su arranque del suelo, empotrado, sin patas, y al que hay que descender y, el segundo y sobre nosotros, un material desconocido para la arquitectura; el acero naval, permanente, oxidado, que evoca industria y huele al País Vasco de ría, de astillero, de acería. El edificio es la sede central del BBV (Banco Bilbao Vizcaya, proyectado y construido por Francisco Javier Sáez de Oiza). La fusión de estos dos Bancos representaba el empuje industrial y el nuevo BBV, al que más tarde se unió el banco Argentaria (la A), se plantaba  arrogantemente en el nuevo centro financiero de la Castellana.  Si la arquitectura de un banco según A. Loos debía significar, mi dinero está a salvo, bien seguro y guardado, aquí su significación podría ampliarse a que nuestro dinero está produciendo bien, empleado en las factorías de virtuales aceros, actividad poderosa frente a los oscuros negocios de los otros.

(Algunos maledicentes ampliarían su influencia al sector de las lavanderías y tintes de ropa por el gran negocio que en los días de lluvia este edificio procuraba manchando de óxido las vestimentas de sus visitantes).

Mucho se ha dicho sobre esta obra de Oiza; obra que mancha, que escurre mal, escasa, pequeña, de muy poca altura libre en las plantas, poco funcional, de complicada estructura de arranque debido a las líneas de ferrocarril subterráneas. Juzgamos sin embargo que es de las supremas, la más elegante. Las mejores elecciones están tomadas sobre su materialidad y composición. Su “firmitas y utilitas” devienen en su cualidad formal, un trinomio perfectamente engarzado, con su pequeña retórica que debemos admitir, la retórica inevitable propia de cada autor, por muy atento que esté, como es el caso, para evitar su contaminación por toda la obra. Meditemos en la retórica de los desvaríos de torres que nos acompañan en el eje Castellana y aledaños.

Estamos convencidos de que Oiza no apostó por lo último en su proyecto y consiguió la cúspide, aquí estuvo la cresta de la ola de la arquitectura española del siglo XX, y quizá aún lo esté. Un edificio de los años setenta.

2014

Lugar.

Sobre el Sky–Line de Madrid, visto desde la M-40, en el nuevo barrio de las Tablas, emerge una construcción extraña, torcida y curvilínea, delgada, con muchos pilares verticales.

06_BBVA H&dM

Infografía de la nueva sede del BBVA en Las Tablas, Madrid. Herzog & De Meuron, 2014.

En descampados vecinos a Madrid, secanos inútiles donde lo plantado es recogido y quemado por cuestiones inexplicables del mercado, sin que jamás constituyan alimento, sobre el campo ondulado de cereales próximo a nuestro pueblo, se trazan con facilidad, viarios, rotondas y parcelas lucrativas. En pinares de marqueses cinegéticos de conejo y torcaz, crecerán  viviendas, colegios, polideportivos y urbanizadas zonas verdes. Todo el urbanismo programático del siglo pasado se vierte en este campo de caza y arado con la finalidad de producir riqueza y beneficios. Un juego de compensación entre el valor de aquellas lentejas y conejos y la demanda especulativa de vivienda. Todos ganan, los dueños de los terrenos, la administración como su más firme socio y aquellos particulares que a buen precio podrán habitar los secarrales y pinares tan próximos a la gran ciudad. La dispersión en balsa de aceite corrosivo se vierte sobre el campo, sobre el terreno libre que envolvía cada núcleo concentrado de habitantes.

En estos descampados, entre tanta mole de viviendas sustituto del cereal, (aprendimos por fin a sembrar V.P.Os, cuando ya no hacen falta campos de cultivo) aparece la nueva Sede Central del BBVA, tamaña estructura que en nada nos extraña pudiera albergar unos cuantos centenares de viviendas. 

Propósitos.

En el año 2008, el BBVA encargó a la firma Herzog & De Meuron su nueva sede social en Las Tablas. Esta vez en un territorio de oportunidad, no emblemático. Su localización y el encargo ya indican algunas diferencias con sus antecesores. Hasta ahora, los otros emplazamientos de la Sede Central de la Entidad eran los más relevantes en los centros financieros de la ciudad en cada momento. Hoy el lugar elegido será cualquiera que sea extenso y fuera por tanto de los centros de las ciudades. Necesita únicamente una buena comunicación por autovía.

Antaño los arquitectos elegidos para realizar sus sedes bancarias deberían ser prestigiosos profesionales y además casualmente vascos (valen también los Navarros).

Ahora la globalización, la descentralización y la internacionalización de nuestro país es un requerimiento imprescindible para la Banca y como “parvenus” a este club financiero internacional será preciso conseguir su diferenciación en el mercado, transmitir un mensaje atractivo, consolidar una identidad propia y publicitarla desde el principio, esto debe comenzar desde  su nueva sede. Se hace pues imprescindible para llevarla a cabo, la elección de una firma de renombre, de una productora de forma aclamada internacionalmente por público y academia, con capacidad de  transmitir un determinado mensaje. No es suficiente construir un edificio de prestigio, de frac impoluto, como era el caso de aquellas antiguas sedes, ahora se hace necesaria y se acentúa la capacidad de proponer una edificación que transmita, capaz de promocionar los contenidos de propaganda conveniente a la entidad, elaborados a la carta por oficinas de mercadotecnia, resaltados, como en este caso, según su oficina de prensa: “las cualidades de edificio accesible, flexible, ecológico y preocupado por el medio ambiente”. Y en este caso ¿se consigue?.

Por último contrastar la diferencia de programa de la nueva Sede con sus antecesoras: desde un edificio representativo para la alta dirección de la entidad a un programa que se extiende exponencialmente a este nuevo concepto de “Ciudad de….” (Ciudad del Santander, Ciudad de la Imagen) en este caso Ciudad del BBVA. Un concepto que incluyendo también a la alta dirección y a su capacidad de representación, propone horizontalidad y superficie, gran cantidad de trabajadores y concentración de actividades.

El nuevo proyecto de H&dM es bautizado democráticamente, previa consulta a los empleados del banco, para anticiparse a las ocurrentes denominaciones populares que puedan surgir para esta nueva construcción, (como aquellas tan castizas aparecidas para otros edificios como la de Nuestra Señora de las Comunicaciones para el Palacio de Correos y hoy Ayuntamiento o del Pirulí). Se impone su apresurado bautismo con el nombre de “la Vela”, nombre ya utilizado por las corporaciones hoteleras en Dubai y Barcelona, pero capaz de transmitir todo tipo de cualidades positivas.

Atenderemos a los dos cuerpos esenciales de esta obra: el podio o basamento y la torre–hito o edificio en altura, que comentaremos individualmente.

PODIO.

Crítica descriptiva:

El edificio consta de una especie de podio edificado que se inscribe en el perímetro de su gran manzana de cuatro plantas de altura. En este podio se establecen patios longitudinales, algunos de ellos abiertos a sus fachadas opuestas, a modo de calles y zonas estanciales descubiertas y ajardinadas. El tratamiento exterior de este podio es homogéneo en todos sus frentes y en todas las orientaciones existen parasoles en forma de “P” orientados con cierto orden desconocido, inclinados y perpendiculares a fachada, utilizados en todas las orientaciones.

Las calles interiores, su aparente entrada principal y la calle que atraviesa esta plataforma de parte a parte, no las hemos podido visitar, están perfectamente fotografiadas en la web, en la misma plataforma de publicidad del edificio y del Banco, apareciendo la estructura de pórticos y forjados vistos de hormigón y cerramientos de vidrio con carpinterías oscuras. Existen algunos encuentros redondeados en curva algo descarnados y no muy estudiados.

Crítica analítica o referencial con las ciencias físicas:

La quimera del parasol motorizado y cambiante con la trayectoria solar parecería la solución más inteligente y eficaz para aprovechar o eludir el sol o tal vez una necedad frente al esfuerzo de bajar una persiana o mover una contraventana o un vulgar frailero. Las trayectorias solares son ciertamente cambiantes a lo largo del año, simétricas hacia el sur entre los equinoccios coincidentes de otoño y de primavera, bajan desde el equinoccio de otoño a diciembre y ascienden hasta junio, coincidiendo la misma trayectoria equinoccial.

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La impresión de entender este parasol unitario como conveniencia energética prometía ser el resultado de aquella quimera que nunca vimos realizada, esta podría ser la ocasión……. Al observar de cerca estos parasoles pesados e inmensos, comprobamos que es imposible su motorizado movimiento; que están fijos y bien atados. Algunos pueden pensar que estos parasoles protegerán de la incidencia de la radiación solar sobre los vidrios, claro está a determinadas horas y en determinados días, pero profundicemos algo más: Si están fijas y orientadas a verano no aprovecharán la energía solar para caldear el interior  en invierno, incrementando el consumo de calefacción y si están orientadas al contrario, ocurrirá el fenómeno inverso en verano, incrementándose el consumo de refrigeración, resultando que el balance energético anual es peor que si no pones nada ya que en este caso  las ganancias energéticas en invierno, compensan algo las pérdidas por refrigeración en verano. Este fenómeno es tan evidente que desde tiempo inmemorial se utilizaron las celosías, las telas y los toldos para su control. Estas “Pes” no aventajan a aquellas en eficiencia ninguna.

Sus orientaciones fijas diferenciadas, quizás puedan esconder un balance energético medio por zonas, según modelización de respuesta de ordenador pero dudamos de su eficacia cierta. El equilibrio elegante como solución matemática y física indica que es mejor no poner nada. Todo elemento de parasol debe proyectarse para unas determinadas orientaciones con una adecuada geometría, que se sustancia de manera sencilla en formas horizontales y de no mucho vuelo según la latitud del lugar en orientaciones sur y verticales al oeste en zonas muy cálidas, nada al norte ni al este en nuestras latitudes. Así que su sistema de protección solar deberá seguir siendo el habitual, vidrio de baja emisividad con “stor” sube y baja, más o menos motorizado y domotizado.

Crítica interpretativa:

Entendemos por tanto que el alarde y profusión de estas “Pes” que determinan la forma, la “venustas” como se nos presenta, no es consecuencia de ninguna técnica energética racional, sino que pertenece al mundo del papel pintado, como revestimiento para conseguir el camuflaje del vulgar muro de vidrio y proporcionar una decoración determinada de sombras y luces, es decir pertenece al mundo de la pseudo-estética, de lo mono y original. Mucha firmitas de parasol para ninguna utilitas positiva y mucha negativa, (balance energético coste, mantenimiento) y una venustas sin relación alguna con las otras dos variables, ajena a la Venus de la pasión y la inteligencia. Para nosotros superfluo y manifiestamente dirigido a confundirnos y engañarnos.

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LA TORRE-EL HITO

Crítica descriptiva:

En cierto punto de la planta, indiferente a eje de simetría alguno sino algo desplazado, se rompe este podio con un espacio circular a modo de plaza, donde parecen confluir alguna de sus calles interiores. De este agujero surge el elemento significante del proyecto, el hito por excelencia: un ovoide geométrico que alcanza casi los 100m de altura, orientado norte–sur, visible y emblemático. El edificio, debido a esta orientación, parece relacionarse de alguna manera con un Corte Inglés próximo a través de una pasarela azul y de chapa que los une salvando el barranco imposible de la A-1. No sabemos cómo será el acabado final de esas dos fachadas de orientaciones tan opuestas en sus captaciones energéticas, autenticas cara y culo. Una vela también tiene sus dos caras diferenciadas; vela cazada al viento, curvatura convexa, cara cóncava a sotavento, la vela navegando nunca es simétrica, si no navega es solo un trapo.

Crítica analítica o referencial con las ciencias físicas:

La estructura adoptada en pilares de borde y losas horizontales de forjados de planta, con un gran núcleo central rígido y un perímetro estrecho curvado como cerramiento y arriostramiento continuo de hormigón resulta adecuada para liberar toda la utilidad de las plantas, pero no se entiende que exista alguna ventaja estructural en su curvatura. Podemos imaginar una construcción escalonada, estableciendo continuidad en algunos pilares próximos, tal vez el ritmo de pilares podría no haber sido tan homogéneo, pero el resultado estructural habría sido más limpio y sin esfuerzos horizontales. En todo caso la estructura está impuesta por la forma previamente elegida, no es resultado inteligente, resultado de la interconexión entre forma-función- construcción, sin que ninguna de ellas se imponga a las demás, en perfecto equilibrio. Puestos a deducir, la utilidad y la construcción son el origen de la forma, primero grosera y rudimentaria y según evoluciona con criterios de calidad, durabilidad y permanencia social se sublima en el lenguaje de lo arquitectónico. El muro, el hueco, el arco y la puerta; el soporte, el paso y la cobertura darán origen a los órdenes y no al contrario.

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SEMPER, G. 1863. Der stil in den technischen und tektonischen Kunsten oder praktische aesthetik, vol.I&II. München: Friedrich Bruckmann’s Verlag.

Un paralelepípedo habría sido la solución estructural más eficaz pero, claro está, no sería metáfora de vela sino de ladrillo.

En relación a su manifiesto corporativo de edificio inteligente y ecológico, entendemos la diferenciación entre sistemas pasivos que imponen un proyecto muy comprometido con este nuevo condicionante, la termodinámica, que aún no hemos llegado a asumir culturalmente. El balance energético mínimo de un edificio, desde su construcción a su utilización y reutilización futura, impondría unas limitaciones, tanto de localización, orientación, elección de materiales de construcción y generación y consumo de energía que sería determinante absoluto de la forma de lo arquitectónico. Cambiaremos a los profesores de historia, de composición, de proyectos, por físicos y meteorólogos. Por tanto la sociedad reclama la apariencia de una nueva moral: la eficiencia energética. Y si la geometría y la construcción no los provéen, lo harán los sistemas activos, los chismes, los tubos de vacío, la cogeneración y la fotovoltaica. Todo bien domotizado. No dudamos que a este edificio se le sobreimpondrán todos estos mecanismos y su calificación será la de “Leed_Platinum” que en ningún caso vendrá derivada de su forma-función–construcción. Esta torre_hito es un autentico captador plano.

Crítica interpretativa:

El elemento paradigmático, es esta “novedosa” forma de torre-hito que debe encerrar según la propaganda una complicada relación geométrica de sus puntos de contorno para la que ha sido precisa un complejo programa de ordenador, (no nos parece nada compleja de trazar si la comparamos con la estereotomía y traza de una clave de un arco tercelete de una bóveda gótica, por ejemplo). Este misterio y su esbelta proporción parecen ser la razón de la seducción que ha provocado, es decir su originalidad en relación a lo ya construido y contemplado.

La originalidad, como síntoma y medida de calidad de arquitectura, está relacionada en la medida que una nueva solución inteligente y eficaz a un determinado problema queda fijada en lo arquitectónico y reutilizada hasta su sublimación por generaciones. Lo original no reutilizable queda fuera de lo arquitectónico, pertenece a lo efímero, lo que no nos quiere decir nada en su desprecio ni nada negativo en ello. La historia ha borrado una larga serie de imponentes construcciones originales que para pasmarnos en determinados eventos, teatros, fiestas etc., se realizaron desde el tiempo de los romanos. Ya fuera en el Barroco Español o en las Exposiciones Universales en época más reciente.

En este sentido dudamos de que las pretendidas soluciones arquitectónicas de este edificio efectivamente lo sean y que, por tanto, puedan incorporarse a nuestra historia común. Lo que seguro ocurrirá es la copia de su originalidad y efecto.

Por otra parte el efecto del diálogo formal entre el podio y el elemento vertical o hito-torre es un referente arquitectónico ensayado y eficaz, desde las antiguas murallas del castillo, que eran ocupada en su trasdós por la intendencia, servidores y soldadesca, mediante construcciones adosadas a su interior hasta casi colmatarlo, emergiendo entre ellas la torre del homenaje, bastión inexpugnable del señor del castillo. Esa relación de dominación es una referencia ancestral incluida en nuestro cerebro reptiliano.

Accesible, flexible, ecológico y preocupado por el medio ambiente, estos son los propósitos que hoy deben mostrarse en cualquier actividad que viva de la elección del pueblo-cliente. Contradictorios con los valores característicos de los bancos seculares; a saber: inasequibles, inflexibles, poderosos, codiciosos, ávidos y calculadores. Entendemos que habrían podido conciliarse en la austeridad, la preocupación por un mantenimiento cómodo, económico, el consumo menor y más ajustado, pero esto no resulta ilusionante, suena a rancio y hasta cutre.

Si apreciamos la sombra, la luz de una vela, la estatua iluminada por la luna, la tenue luminosidad, no necesitamos miles de bombillas “led” aunque sean de bajo consumo. Si estamos al norte no necesitamos parasoles, si queremos ciertos metros de oficinas con vistas, no torturemos sus longitudes y disminuyamos el número de plantas, si queremos cegar un cerramiento al sol y al aire no utilicemos los tortuosos encofrados deslizantes, (¡qué banalidad frente a su uso inevitable ante el empuje del agua en una presa!), si queremos transmitir cargas, devolver a la tierra su fuerza, el camino verdadero es el vertical siempre que algo absolutamente necesario y contingente no nos lo impida.

CRÍTICA POÉTICA. 

En los albores del nuevo siglo XXI, las fuerzas vivas españolas, se lanzaron a la carrera de apuntar hacia la arquitectura que nunca entendieron, pero que resonaba a cultura y modernidad, intentando desmarcarse de los errores y aislamiento seculares del país. Las administraciones públicas, los  municipios, los bancos, las emergentes cajas de ahorros, las compañías de seguros, todos quisieron firmar y dejar su sello sobre este nuevo Madrid que empezaba a prefigurarse en los años 80 del pasado siglo. Y resultó que para esta modernidad cultural mal aprendida, solamente los envoltorios icónicos resultaban productivos. Podrían ser fácilmente reproducidos, difundidos, adquiridos. Algo parecido a la chufla del chalé de arquitectura clásica, convertido en tal, por medio del balaustre prefabricado.

La arquitectura de la oferta y la demanda resultó facilitar el post-moderno, modernidad desplumada de lo racional, a la carta. Este término de post-modernismo preferimos rebautizarlo en arquitectura como a-racionalismo; término que define mejor el alejamiento sobre el racionalismo en arquitectura, origen y binomio incuestionable de lo moderno, expresión que hace hincapié en la falta de racionalidad sobre todo en la forma de lo arquitectónico, en postular que la forma de la arquitectura es cualquiera, liberada de la pesada coherencia entre la construcción y la utilidad, pues de liberaciones se reviste siempre el progreso. La forma así “liberada”, debe ser consecuencia única y principal de la referencia, bien del pasado, del arte contemporáneo, del cine, de la imaginación del autor, del comitente etc. El modo en que se nos presenta la arquitectura podemos desvincularlo y desgajarlo de su producción, convirtiendo la forma “liberada” en un fin absoluto en sí mismo, en expresión pura y dura, en objeto descontextualizado, incluso de su propia manufactura.

Para algunos una ráfaga de aire fresco, para nosotros un abismo oscuro. Así explicamos “la Vela” y mucha de la arquitectura de los últimos años, pese a que todos o alguno de sus autores no sean conscientes de ello.

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