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Sobre ARKRIT

El Grupo de Investigación ARKRIT se dedica al desarrollo de la crítica arquitectónica entendida como fundamento metodológico del proyecto. El ejercicio crítico constituye el principal gestor de la acción proyectual hasta el punto de que puede llegar a identificarse crítica con proyecto.
Si se considera que el objeto de la crítica no es el juicio de valor sino el estudio de las condiciones propias de cada obra, en relación a otras obras de arquitectura, en relación a otros campos del conocimiento y en relación a otras posibles teorías alternativas, podemos obtener de ella una imagen final flexible y abierta que permita tanto su comprensión veraz como la apertura a nuevos caminos en el curso de la arquitectura.
El Grupo de Investigación ARKRIT se constituyó en 2008 bajo la dirección del catedrático de Proyectos Arquitectónicos D. Antonio Miranda Regojo-Borges y, además de proyectos de investigación, entre las actividades del grupo se encuentra la dirección de tesis doctorales, así como una participación activa en el máster de Proyectos Arquitectónicos Avanzados (MPAA) desde el Laboratorio y el Taller de Crítica y coordinando numerosos Trabajos Fin de Máster.

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ARKRIT - GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE CRÍTICA ARQUITECTÓNICA

Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid
Departamento de Proyectos Arquitectónicos
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12 marzo, 2015

Etiquetado en Crítica de edificios, Edificios Híbridos, Manifiestos,

APRENDIENDO DE LAS CUENCAS

Nacho Ruiz Allén

Algunos de los manifiestos arquitectónicos más importantes de las últimas décadas han surgido como resultado de afortunados análisis vertidos sobre lugares antaño menospreciados.

El punto de partida podría situarse en 1964, año en que fue inaugurada la exposición ‘Arquitectura sin arquitectos’, comisariada por Bernard Rudofsky en el MOMA de Nueva York. Su intención era llamar la atención sobre esa otra arquitectura sin pedigrí, que se hallaba al margen del discurso arquitectónico convencional. Arquitecturas vernáculas, anónimas y espontáneas de cualquier parte del mundo y cualquier época tenían cabida en una muestra que alertaba de las limitaciones que suponía reducir el espectro de lo arquitectónicamente interesante a entornos diseñados, edificios emblemáticos o programas singulares. Los ejemplos recopilados ofrecían una visión fresca y desprejuiciada de la práctica arquitectónica que sería de influencia para las generaciones posteriores.

MANIFIESTOS URBANOS.

En la década siguiente, la de los 70, el interés por los contextos heterodoxos se trasladó hacia el fenómeno urbano. En 1971, Reyner Banham publicó ‘Los Ángeles. La ciudad de las cuatro ecologías’, con el que invitaba a reconsiderar esta controvertida metrópoli como si de un paisaje se tratara. Un año más tarde, en 1972, Robert Venturi y Denise Scott Brown, en colaboración con Steven Izenour, publicaron ‘Aprendiendo de Las Vegas’, libro que quedó fijado en la memoria colectiva como el gran responsable del desplazamiento del punto de mira de la arquitectura hacia lo cotidiano y lo ordinario. En 1978, Rem Koolhaas publicó ‘Delirious New York’, destacando los valores de una arquitectura surgida a raíz de la congestión metropolitana. Una arquitectura desinhibida en la que la experiencia de lo artificial iba a sustituir por completo a lo real y lo natural. Finalmente, y tres décadas después, en 2001, Momoyo Kaijima, Junzo Kuroda y Yoshiharu Tsukamoto publicaron ‘Made in Tokyo’, una especie de catálogo alternativo de la ciudad formado por edificios desvergonzados cuya naturaleza herética les sugería nuevos modos de concebir la práctica arquitectónica.

Masivos movimientos migratorios, la explotación exacerbada de la inclinación al juego, la provechosa alianza entre tecnología, economía y sociedad de masas, o la reconstrucción acelerada tras una fatal combinación entre un gran terremoto y una guerra sin cuartel… Todas las ciudades estudiadas en estos textos, Los Ángeles, Las Vegas, Nueva York y Tokio, conforman contextos que, por distintas razones, y en un determinado momento del tiempo, sufrieron transformaciones a una velocidad mayor de la que habitualmente da forma a las ciudades que habitamos. En todos ellos parece haberse cumplido una de las máximas que rigen la física dinámica según la cual a mayor velocidad menor control. Se diría, en definitiva, que en aquellos entornos cuyo crecimiento se escapa de los mecanismos tradicionales de planificación y cuya arquitectura se aleja de tediosos mandamientos disciplinares, es aún posible encontrar elementos susceptibles de renovar el paisaje construido.

El resultado de todas estas investigaciones es que hoy estamos más predispuestos que nunca a fijar nuestra atención en lo anónimo y espontáneo. Somos conscientes de las ventajas que nos aporta considerar el entorno construido como paisaje. Nos vemos capaces de otorgar un sentido especial a todos los fenómenos cotidianos y ordinarios que modelan nuestra sociedad actual. Entendemos que la cultura urbana lleva aparejada una experiencia más desinhibida de lo construido. Y, por último, somos capaces de aceptar, por fin, que la interpretación de la realidad circundante en base a parámetros exclusivamente estéticos ha pasado a mejor vida.

 LA, LV, NY, TK

LAS CUENCAS MINERAS ASTURIANAS.

Hoy en día, todavía es posible encontrar otros contextos en los que el predicamento arquitectónico ha sido desplazado en virtud de imperiosas fuerzas incompatibles con la encorsetada planificación. Es el caso de las Cuencas Mineras Asturianas, en las que violentos procesos de industrialización modificaron sensiblemente un territorio que, hasta fechas relativamente recientes, se había mantenido prácticamente inalterado. La concentración de actividad minera y siderúrgica, por exigencias de la rentabilidad económica, también supuso aquí la transformación radical e irreversiblemente de su paisaje, pasando en pocas décadas de ser unos valles naturales de estructuras económicas y sociales fundamentalmente rurales a incorporar en su seno pujantes aglomeraciones urbanas de inesperada densidad.

En algunos casos este choque supuso, además, la aparición de modelos edificatorios profundamente heterodoxos que parecen llevar inscrito en su código genético el conflicto sobre el que se levantan. Es posible advertir lugares cuya configuración formal o resolución programática se encuentra a medio camino de cualquiera de los paisajes que aquí se dan cita. Castilletes mineros de aspecto similar al de las construcciones rurales circundantes, centros de transformación de forma y dimensiones semejantes a las de las edificaciones contiguas, antiguos hórreos y almacenes de labranza reconvertidos en vivienda o aparcamiento de vehículos, vestigios industriales aprovechados como espacios habitables, grandes yacimientos de arqueología industrial devorados por la naturaleza, construcciones residenciales con alma rural y ambición urbana, esbeltos fragmentos de urbanidad en plena naturaleza o entre edificaciones rurales, viviendas de voluntad autónoma apiladas en bloques, residencias privadas sobre naves industriales, y un largo etcétera. Se trata, en definitiva, de arquitecturas híbridas que, a pesar de la invisibilidad que les otorga su aparente condición marginal, hoy en día son capaces de ofrecer interesantísimas lecciones arquitectónicas.

//////////   Referencias bibliográficas   //////////

BANHAM, Reyner: Los Ángeles. La ciudad de las cuatro ecologías, (1971).

VENTURI, Robert; SCOTT Brown, Denise; IZENOUR, Steven: Aprendiendo de Las Vegas, (1972).

KOOLHAAS, Rem: Delirious New York, (1978).

KAIJIMA, Momoyo; KURODA, Junzo; TSUKAMOTO, Yoshiharu: Made in Tokyo, (2001).

RUIZ Allén, Nacho; LOPEZ Arraiza, Sara: Aprendiendo de Las Cuencas (2015).

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